Sábado 08 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

La bancarrota moral del papado

Columnista: Hortensia Galvis Ramírez

En un simposio organizado por el Vaticano, se reveló que “Las compensaciones pagadas por la iglesia católica, por concepto de abusos sexuales a menores, sumaban ya más de dos mil millones de dólares. Solamente en Estados Unidos hubo más de 100 mil víctimas, a las que se han sumado denuncias procedentes de: Irlanda, Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, India, Holanda, Filipinas, Tanzania, India, Suiza, España, México, Panamá, Malta y Polonia”. ¡Pagaron, sí!, pero ¿hay dinero que pueda compensar tantas vidas destruidas y los suicidios por desesperación? La Deutsche Welle comenta: “En todos los continentes del mundo los creyentes comparten el mismo horror, incredulidad, decepción, dolor e ira. Nada puede evitar ya el hundimiento total de la Iglesia Católica”.

En tiempos del papa Benedicto XVI, el robo de unos documentos secretos del Vaticano amenazó destapar verdades comprometedoras para la Iglesia. Son pruebas del blanqueo del dinero de la mafia, tráfico de drogas y armas, fraude económico, además de evidencias de niños robados, e incontables casos de pederastia. El papa Benedicto renunció al pontificado, cuando la revista Der Spiegel dio a conocer el caso de su hermano, el sacerdote Georg Ratzinger, director de un coro en Ratisbona, quien por 30 años ignoró el sadismo y la violencia sexual a la que estaban siendo sometidos los niños del coro.

Todavía se escucha el clamor agazapado de los millones de musulmanes que en su patria fueron masacrados por los cruzados. De los Cátaros, judíos e infieles asesinados por órdenes del papa. De los alaridos de terror que, por cinco siglos, la “Santa inquisición” arrancó a sus víctimas con infames torturas y muertes en la hoguera. Del masivo exterminio de los pueblos indígenas de América.

No hay que sorprenderse entonces de que el ciclo católico romano se cierre con el ritual satánico de la pederastia.

Cristianos no fueron, observen sus prácticas ajenas a la compasión y al amor de Jesús el Cristo, a quien todos hemos amado sin reservas.

Autor:
Hortensia Galvis Ramírez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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