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Jueves 28 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Zaperoco

Columnista: Inquisidor

Cita. En el municipio de Vichada. A la cárcel diez militares capturados por hacer parte de red de microtráfico (Nacional. 4/12/17).

Comentario. No sé por qué me da la impresión de que con frecuencia se nos siguen colando reinas de belleza en el periodismo, que estudian Comunicación Social y terminan por lo general de presentadoras, y a veces, infortunadamente, creyéndose actrices, cantantes y hasta escritoras. Falta que un día venga a visitar “el departamento de Bucaramanga, cuya capital es Santander”.

Cita. La Fiscalía reveló una grabación telefónica en la que se escucha al exmandatario pidiéndole al actual subcontralor municipal, Héctor Rolando Noriega, que frene un proceso fiscal que adelanta la Contraloría en contra de su administración (Primera. Oscar Iván Rey. 5/12/17).

Comentario. Es importante observar estos apartes de lo que dice la Academia, especialmente quienes eliminan verbos como ‘oír’, ‘ver’ y ‘poner’:

“Escuchar. 1. ‘Poner atención o aplicar el oído para oír [algo o a alguien]’: «Recuerdo que escuché su revelación con horror»; «El psicoanalista [...] escuchó a Carlos Rodó sin impaciencia». Por tanto, la acción de escuchar es voluntaria e implica intencionalidad por parte del sujeto, a diferencia de oír, que significa, sin más, ‘percibir por el oído [un sonido] o lo que [alguien] dice’: «Oí un trueno. Empezaba a llover»; «Oí comentar que Nicolás también era estéril». Puesto que oír tiene un significado más general que escuchar, casi siempre puede usarse en lugar de este, algo que ocurría ya en el español clásico y sigue ocurriendo hoy: «Óyeme agora, por Dios te lo ruego»; «Óyeme y deja de leer ese periódico». Menos justificable es el empleo de escuchar en lugar de oír, para referirse simplemente a la acción de percibir un sonido a través del oído, sin que exista intencionalidad previa por parte del sujeto; pero es uso que también existe desde época clásica y sigue vigente hoy, en autores de prestigio, especialmente americanos, por lo que no cabe su censura: «Su terrible y espantoso estruendo cerca y lejos se escuchaba»; «Chirriaron los fuelles, patinaron en el polvo las gomas, se desfondaron los frenos y se escucharon alaridos»”.

Autor:
Inquisidor
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