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Jueves 01 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

La historia de las mamitas…

Columnista: Isabel Ortiz Perez

Esta es una historia muy colombiana que tiene que ver con una costumbre también muy colombiana de decirle mamitas a  las mujeres, no importa la edad ni el estado civil o si de verdad son mamás.  En los taxis, los conductores le dicen “mamitas” a las mujeres que son sus pasajeras, y ellas aceptan. En los almacenes los vendedores les dicen igual “mamitas” a las clientas y ellas entienden y también aceptan. En los barrios a las chicas los hombres les dicen “mamitas”  y  si son muy bonitas, pues entonces suben de rango y les dicen mamacitas, como un maravilloso piropo. Y así, las mujeres casi desde que nacen son nombradas mamitas, porque a las bebés también sus madres y padres les dicen desde chiquitas ¡qué linda mamita!    

El lenguaje es constructor de realidades y es por excelencia portador de lo simbólico, por lo que quiero recoger una reflexión ya hecha hace algún tiempo por Florence Thomas, para revisar la significación y las implicaciones culturales de que a las niñas y a las jóvenes y a las mujeres se las llame mamitas. Considero que esa nominación, bastante absurda y que está en mora de ser cuestionada y rechazada, crea un fuerte impacto en el inconsciente de las mujeres, ubicándoles su destino y sus proyectos de vida solamente en el ámbito del ejercicio de la reproducción, sin permitirles ver otras opciones de desarrollo personal y profesional. Al respecto dice Florence con humor, ¿si desde que nacen las niñas se les dice mamitas, de qué nos extrañamos de que a los 13 ó 14 años ya muchas niñas en Colombia estén embarazadas o hayan tenido un hijo?  

Es necesario y urgente contrarrestar esas formas dominantes de llamar a las mujeres. El término mamita no puede estar en boca de taxistas, obreros, vendedores ambulantes y demás para referirse al género femenino, y nosotras no podemos seguir permitiendo  que una palabra que es del ámbito privado, que debe reservarse a la  relación cercana entre hijos y madres sea utilizada y pisoteada calle arriba y calle abajo.  

Esa tolerancia con los términos va construyendo significados y asignando roles y espacios que luego no podemos modificar y se afianza la creencia de que ese es el único destino de las mujeres. Somos madres por decisión, en un ejercicio libre y autónomo, y no por imposición mental, ni por programación lingüística.      

Autor:
Isabel Ortiz Perez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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