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Jueves 19 de Abril de 2012 - 12:01 AM

El tío Rafael

Columnista: Isabel Ortiz Perez

Tuve la suerte de tenerlo como tío y ser la sobrina mayor por parte de la familia materna y poder estar cerca de él en diferentes momentos de su vida. Tuve la suerte de compartir y aprender con su presencia y actuación sobre múltiples aspectos vitales, que hoy perduran en mí como una impronta o un sello. Tuve la suerte de verlo actuar en su vida diaria y conocer sobre sus valores más profundos. En este mes de abril de 2012, mes en el que cumpliría 90 años, y pasados tres meses de su muerte, esbozo esta reflexión personal sobre lo que para mí significó la vida de Rafael Pérez Martínez, el tío mayor, hermano de mi madre. Destaco en este corto texto sobre un valor que lo acompaño siempre: la generosidad con las personas humildes o en situación de precariedad económica y social. Quizás esto sea poco conocido, o solo reconocido por quienes lo tuvieron cerca, pero el tío Rafael, además de político y empresario, se caracterizaba por el deseo de ayudar, de servir, de apoyar a los demás, en especial a las personas pobres. Esto lo vivía como si fuera una imperiosa necesidad de sí, necesidad de colaborar y ayudar a los demás -a la costurera, al  conductor, al vigilante, a la empleada- a quienes  apoyaba con recursos  y con su consejo, sin esperar nada a cambio, solo con una sensación interna de alegría y satisfacción, porque no era propiamente una impronta de caridad, sino de desprendimiento y de vivir el dar con un enorme gusto personal. Otro aspecto maravilloso de su vida fue su pasión por Bucaramanga,ciudad donde nació el 5 de abril de 1922, y de la cual fue alcalde en 1959. Queda para la historia la preocupación constante por el patrimonio arquitectónico y su interés en la conservación de casonas antiguas como la casa de  Luis Perú de la Croix, la casa Terpel y la casona de sus antepasados, hoy consultorio jurídico de la Unab en el centro de la ciudad.

A sus familiares nos dejó una herencia de valores en vía de extinción como la honorabilidad, la sinceridad y la trasparencia en el manejo de los recursos públicos, y a las nuevas generaciones deja el legado de saber que aquí en Bucaramanga hubo personas de bien, alcaldes que se preocuparon por la ciudad y sus gentes entendiendo el ejercicio de la política como una  acción cívica de trascendencia ética.  

Autor:
Isabel Ortiz Perez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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