Publicado por: Jaime Calderón Herrera
Una norma elemental de justicia en salud, es aquella que postula que a cada colombiano se atienda por la enfermedad que padezca y se cobre de acuerdo con su capacidad económica. Por lo tanto, al momento de prestar un servicio de salud, no importa qué tan pobre o rico sea, sino qué tan enfermo esté, y de allí se derive una atención humana, científica y pertinente, sin mirar el costo de la misma.
Los colombianos destinamos un monto inmenso, alrededor de 47 millones de millones de pesos para financiar la salud, pero solo una parte insuficiente se dedica a atender enfermos, y otra más pequeña de aplicación ineficiente, a la prevención de la enfermedad, pues los intermediarios muerden un pedazo muy grande de la torta.
El sector financiero se come un porcentaje por los costos bancarios y el manejo de la fiducias; el Estado se presta por la derecha y congela algunos billones, convirtiéndolos en TES, y las EPS, llamadas a ser administradores del riesgo, se abrogan las facultades de aseguradores y prestadores, para crear empresas satélites exitosas con EPS quebradas, en perverso juego ideado por mentes de alto vuelo comercial y aupadas por asesorías jurídicas como la del actual Fiscal General de la Nación y otros abogados de postín. Por supuesto que estas empresas satélites financian políticos que llegan a legislar ya gobernar, cerrando un círculo diabólico mediante el cual los dineros de la salud se desvían, dejando para la atención una cifra insuficiente que mantiene retrasos de hasta doce meses a los proveedores y prestadores, quienes cubren el déficit con sobrecostos y con explotación miserable de los trabajadores del sector.
El círculo diabólico no es posible romperlo desde adentro de los interesados en mantenerlo. El Gobierno aspira a una atención oportuna y de calidad, a sabiendas de que con el modelo actual es imposible. La estrategia de Atención Primaria, instaurada por la reforma consignada en la Ley 1468, quedó en mera consigna y por si fuera poco, no hay el suficiente talento humano preparado ni para la Atención Primaria, ni para atender la demanda creciente de enfermos con necesidades cada vez más especializadas.
Si la sociedad no reclama, si no se indigna, como parece ser la moda, si no se rebela, si no exige, cada día recibirá una atención más deshumanizada y de peor calidad, además de inoportuna, mientras los dineros del Sistema continuarán alimentando la voracidad de los comerciantes de la salud y financiando a congresistas y gobernantes.









