Lunes 22 de Diciembre de 2014
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Jaime Calderón Herrera
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Martes 07 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

Bucaramanga abierta

Autor: Jaime Calderón Herrera

Hay días que viene a mi mente la ciudad de mi infancia, aquella Bucaramanga con sus árboles y chicharras, la vida apacible y pueblerina, con las patrullas de la policía llevando a los agentes en el estribo de atrás, persiguiendo niños que alteraban la tranquilidad con sus balones circulando por las calles improvisadas como campos de fútbol.

Esa Bucaramanga la habitaban gentes de hablar duro pero educadas, donde pobres y ricos no se diferenciaban en demasía y la convivencia era la norma. Sin embargo, existía cierto chovinismo montañero que daba la espalda al Magdalena Medio, a las gentes del río y a las de la costa, no obstante que la economía local se sustentaba en las inversiones agrícolas en el Cesar y en la riqueza petrolera.

En buena hora la ciudad se orientó hacia una oferta educativa y entonces nos inundamos de jóvenes costeños, caleños, barranqueños y de muchas otras partes, que con su alegría, sus costumbres, su música, su cultura, sacudieron la ciudad pacata.

Luego vinieron paisas con sus negocios, vallenatos con su folclor, extranjeros  con sus emprendimientos y la ciudad se convirtió en lo que es hoy: un lugar donde la gente se pregunta la razón del progreso, de tanto movimiento, de tanta construcción y de tantos cambios.

Yo pienso que con el aporte de tantas gentes no santandereanas que sumaron su capacidad a los empresarios, educadores, profesionales y comerciantes locales, la ciudad cambió para irse convirtiendo en un lugar de avanzada.

En mi campo profesional doy fe de cómo los suecos Hockam, Magnus y Svenerik, y el tolimense Jaramillo cambiaron para Colombia y para la región la  capacidad para resolver con éxito las enfermedades congénitas del corazón. Ahora, Javier Gentil, argentino, continúa por la senda construida y el cartagenero Gustavo Brochette nos aporta su conocimiento y experiencia en el mismo campo.

Sé que así ha venido sucediendo en otras esferas del conocimiento y de la economía. Una ciudad abierta y tolerante con la diversidad seguirá creciendo, progresando y construyendo desarrollo.

Entenderlo nos garantizará el futuro, sabiendo que también hay cosas que no son permisibles, como la afectación irracional del ecosistema.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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