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Martes 18 de Octubre de 2016 - 12:01 AM

Confianza en nuestra institucionalidad

Columnista: Jaime Calderón Herrera

Un porcentaje de la humanidad es egoísta, machista, autoritario, excluyente, xenófobo y homofóbico. Otro es progresista, altruista, optimista, tolerante. Unos viven con la esperanza mientras otros son resistentes a cualquier cambio. Unos creyentes, otros incrédulos.

Hay quienes se satisfacen de la guerra aún sin lucrarse ni participar en ella. Para todos hay cobijas (ideológicas, religiosas, o políticas). En ocasiones se confunden en amalgamas coyunturales y…olivos y aceitunos, todos son unos. A veces antagonizan aliados antiguos o se unen viejas enemistades. Así somos, y por ello siempre habrá personajes que saben decir lo que la gente quiere oír, pues el rédito para sus intereses personales resulta muy favorable aunque sea perjudicial para las mayorías.

Estas generalmente tienen vocación suicida, precisamente porque se conforman aleatoriamente en la historia y habrá momentos de lucidez y otros de estupidez. Los últimos son más frecuentes, por ello la historia de la humanidad es la historia del sufrimiento de las mayorías.

Con la democracia representativa hemos logrado morigerar la ceguera de las masas, pero da el caso que en el presente y gracias al alto grado de corrupción de nuestros representantes, cunde la desconfianza en ellos inclinando la balanza hacia el lado ciego.

Inglaterra, Estados Unidos y Colombia son ejemplos de millones de ciudadanos adulados que oyen a un personaje decir lo que sienten y piensan, aún en contra de los intereses nacionales y de los de ellos mismos, pero que en un modelo de identificación primario, donde coinciden el autoritarismo, la chabacanería o la mentira, se exaltan los ánimos produciendo pasiones y mayorías electorales. Sufrimos en Colombia de un deterioro de nuestra democracia representativa que ha abierto el camino para que los sentimientos primarios sean canalizados por dirigentes mezquinos que juegan con eficacia la coyuntura a su favor. Es así como tenemos enredada la paz. Tres de cada cinco colombianos no decidieron en el pasado plebiscito. Por eso debemos acudir a nuestras instituciones (Cortes, Congreso, Gobierno) para superar el abismo. La voz dividida de dos de cinco colombianos que votaron, no pueden dividirnos ni negarnos la paz. Confío en que la institucionalidad, supere el obstáculo político y redondee la paz, asumiendo los acuerdos de nuestro gobierno con guerrillas.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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