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Martes 21 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

En descenso

Columnista: Jaime Calderón Herrera

Bucaramanga es una ciudad que amamos y de la cual nos enorgullecemos, lo que no quiere decir que no nos preocupen su presente y su futuro. Del ayer sabemos su buena planificación a principios y mediados del siglo pasado, de su progresiva inclusión social y de la magnífica cobertura alcanzada a finales del siglo XX en materia de servicios públicos. Másallá del nombre de la Ciudad de los Parques o del de Ciudad Bonita, se caracterizaba por la limpieza y el orden, también por la estética.

Por los años 60, el Concejo Municipal emitía acuerdos que obligaban a mantener las fachadas e invertía en la construcción de andenes para el buen uso de los peatones. La seguridad, como diría un ex presidente, estaba “en sus justas proporciones”

Hoy hemos dejado de ser un pueblo grande y somos una ciudad, lo que nos ha traído grandes problemas y desafíos. La inseguridad rebasa cualquier límite admisible, se ha deteriorado la cobertura de servicios esenciales como agua potable, alcantarillado y aseo. El trasporte es costoso e ineficiente, la planeación urbana, si la ha habido, ha sido desastrosa; el desplazamiento en bicicleta, moto o a pie es de muy alto riesgo, las zonas de recreación como la llamada “Cuadra Picha” y otras, adolecen de orden y control. Los vendedores ambulantes proliferan sin control. Los vándalos deambulan a su libre albedrio. Sin embargo, la ciudad crece, la riqueza se manifiesta en bienes de lujo como los que se pueden ver en Mónaco. Si tuviéramos mar, veríamos yates de lujo, lo cual significa que tenemos una ciudad donde la brecha de la inequidad se amplía.

Como sociedad buscamos símbolos de identidad que hemos perdido. Nuestro equipo insignia de fútbol, y debe ser de fútbol y no de squash o de tenis, obedece a intereses comerciales de unos negociantes que nos privan de un sentimiento regional que nos apasione. Se nos acaba de aparecer un gol inesperado de Miguel Nazarith, delantero del Caldas y quien debiera recibir las llaves de la ciudad. Hay conciencia para defender el agua y las montañas, pero somos débiles para defender la convivencia que requiere una infraestructura que la permita.

Tal vez si le ofrecemos la alcaldía a Miguel Nazarith nos salve de un futuro de descenso.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
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