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Martes 02 de Enero de 2018 - 12:01 AM

La ilusión del diez

Columnista: Jaime Calderón Herrera

Cada 31 de diciembre sentimos que estamos cerrando un ciclo de nuestras vidas. Sucede que diciembre, cuyo nombre se deriva de ser el décimo mes del calendario romano, ahora resulta que no es el diez sino el doce. Crearon antaño una convención de medida para responder a una necesidad de la agricultura que hoy no existe, pero como todas las ficciones, nos hacemos adictos a ellas. De cuando en cuando necesitamos dejar de ser sí mismos y sentir el lazo que nos une a nuestros ancestros y a nuestra descendencia. Así mismo, sin el abrazo o el saludo en la distancia de los amigos, nos sentimos huérfanos. Las fiestas conmemorativas, las religiosas, o el “fin del año”, son el pretexto ideal para cumplir con el rito de la comunión con lo que pertenecemos.

Sensaciones que nos despiertan emociones. Alegría derivada del encuentro que invita a compartir. Luces para matar la oscuridad cualquiera que ella sea. Olvido pasajero de aquello que sabemos volverá a nuestras vidas. Navidad y año nuevo necesarios para sentir que podemos empezar de nuevo, al tiempo que podemos continuar lo que hemos venido haciendo.

El fin de un tiempo que nos hace olvidar que somos finitos. Si de algo carecemos, es de tiempo: para hacer ejercicio, para cumplir con el trabajo que se acumula sin compasión, para leer, para entender, para pensar, para amar, para vivir. Navidad y año nuevo son como aquellos sueños reparadores luego de los cuales afrontamos la vigilia con optimismo. Es una lástima que su efecto sea fugaz.

Algunos deberíamos reconsiderar las prioridades del vivir, en lugar de contentarnos con los propósitos que sabemos no vamos a cumplir. Nos encanta engañarnos, nos da miedo el cambio, nos asusta vivir y conducir nuestras vidas. Qué bueno que pudiéramos gritar cuando nos llegue nuestro 31 de diciembre, que hemos vivido a nuestra manera, como la canción de Sinatra, y no que simplemente cada tantos días, nos tomamos unos respiros para luego hundirnos en la alienación del vivir para satisfacer unas ilusiones. Al fin y al cabo el décimo resultó ser el doce, engaño que no me limita para desearles de corazón un feliz 2018.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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