Martes 11 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

El temor a los espejos

Columnista: Jaime Calderón Herrera

Al final de la vida de mi amada madre, me llamó la atención su aversión a los espejos que atribuí a no querer reconocerse anciana, pero ahora creo que obedeció a que su mente le impedía, al igual que a un niño menor a tres años, comprender el reflejo del cristal aluminado. Al fin y al cabo cerramos el círculo como infantes y huimos al reconocimiento de nosotros mismos, para hundirnos en el inexorable fin de la existencia.

Son pocas las especies que tienen la capacidad de reconocerse ante el espejo, condición expresada en aquellas con cerebros grandes y considerados como inteligentes. Chimpancés, elefantes asiáticos y delfines hacen parte entre otros de este exclusivo club.

La ciencia ha creído que reconocer nuestra imagen es una característica de la complejidad mental y una forma de conciencia, aunque hay que aclarar que la complejidad mental de tales seres indicaría que sus mentes han evolucionado para encarar retos similares a los de la humanidad. Experimentos recientes han demostrado que la capacidad de reconocerse puede ser enseñada a algunos animales que aún no aceptamos como inteligentes.

Una de las maravillas de la mente es la capacidad de los poetas que logran inferir lo que la ciencia no ha descubierto, Borges cantó así: “Hoy, al cabo de tantos y perplejos años de errar bajo la varia luna/ me pregunto qué azar de la fortuna/hizo que yo temiera los espejos…/ Dios ha creado las noches que se arman/de sueños y las formas del espejo/para que el hombre sienta que es reflejo/y vanidad. Por eso nos alarman.”

Un fragmento de un poema de Octavio Paz dice: Frente a los juegos fatuos del espejo/mi ser es pira y es ceniza, /respira y es ceniza, /y ardo y me quemo y resplandezco y miento/un yo que empuña, muerto, /una daga de humo que le finge/la evidencia de sangre de la herida, /y un yo, mi yo penúltimo, /que sólo pide olvido, sombra, nada, /final mentira que lo enciende y quema”.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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