Martes 23 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

No sean mugres

Columnista: Jaime Calderón Herrera

La belleza es asunto subjetivo, pero hay patrones generales que son transversales al efecto de despertar en nuestros sentidos el agrado, el placer, la emoción. Estos no son otros que el orden, la armonía y la limpieza. Hace 10 lustros nuestra ciudad era reconocida precisamente por esos tres elementos constituyentes de su orden urbanístico, con numerosos parques, lugares de encuentro de gentes y naturaleza que compartían vida, también por sus calles organizadas donde los bulevares se destacaban al confluir en una gran rotonda que miraba a la espléndida fachada de la iglesia de San Francisco.

Por esos tiempos, era de uso frecuente la expresión coloquial santandereana de “no sea mugre” para denotar el mal comportamiento de una persona. Por los lados de las torres del barrio Álvarez, había un letrero que advertía: “no sea mugre, no bote basura”.

Ahora residimos en una ciudad que crece sin planificación, con alturas desmedidas, donde sus gentes y sus árboles cedieron paso a los vehículos y al hormigón, lo que sin duda impacta en el genio y comportamiento de sus ciudadanos, cada vez más agresivos y más ensuciadores.

Recorriendo la ciudad universitaria o campus de la UIS, disfrutaba hace poco de la restauración hermosa que ha tenido en los últimos años, incitando al respeto, al orden, al estudio, y generando las sensaciones que solo lo bello y armónico produce. Similar experiencia había tenido al visitar el Campus de la Universidad de La Sabana en Bogotá, el de Harvard en Boston y el de Columbia en Nueva York, contrastando con mi tristeza al visitar el de mi Alma Máter, la Universidad Nacional, hoy en casi ruinas por incapacidad presupuestal para dotar al principal productor de conocimiento de la sede que se merece.

Al caminar hoy por la UIS, observé la violación de sus paredes por unos mensajes inútiles y el registro de una organización a la que no le fueron suficientes las redes sociales para marcar territorio.

La Universidad pública requiere de un presupuesto adecuado para generar conocimiento y oportunidades, pero no para que sea destrozado por los depredadores de los muros.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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