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Martes 13 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

¡Qué vaina!

Columnista: Jaime Calderón Herrera

Los nuevos tiempos traen incertidumbre: a los problemas que se le atribuyen al cambio climático, se añaden los inherentes a la crisis de la economía mundial.


La emisión incontrolable de gas carbónico en países industrializados produce aumento de la temperatura y afectación del régimen de lluvias, a lo que se adiciona la disminución de los acuíferos fósiles y superficiales, que en el mediano plazo significa que sobrará agua para hacer daño y hará falta agua para sobrevivir.


En cuanto a las crisis del capitalismo, se sabe de su aparición cíclica, pero con diferentes características: unas descritas como en V, de acontecer rápido, pero otras en forma de U, es decir, recesión rápida, luego un período largo de la misma y después sí la recuperación. Muchos creen que la recesión actual tiene esta última característica.


La ONU anunció hace años que las áreas tropicales resultarían ser las más afectadas por el cambio climático, y advirtió que Colombia estaría entre los países que sufrirían las peores consecuencias.


Cuando se hizo evidente la recesión mundial, se nos dijo que la economía colombiana estaba "blindada". Hoy ya nos dicen que sufriremos los embates de la recesión, pero que tal vez con menos intensidad.


Que yo sepa, no nos preparamos para hacer frente a las lluvias de la "maldita" Niña; tampoco mejoramos la infraestructura vial, menos prevenimos desastres. Tampoco pareciera que nos preparamos para mitigar los efectos de la recesión mundial. Algunos dirán que sí, pero de economía… ¿quién sabe?


Los colombianos somos reyes de la improvisación y la desidia. Los anuncios gubernamentales añaden más preocupación que tranquilidad. La locomotora minera que pretende intervenir un alto porcentaje de nuestras montañas, con un Estado incapaz de controlar y exigir, sólo terminará agravando los desastres naturales, afectando la biodiversidad y los acuíferos, revaluando el peso y devastando nuestro precario aparato productivo industrial, con su correspondencia en el empleo.


Asistimos impávidos a los prolegómenos del desastre. La dirigencia incapaz de ofrecer soluciones, remoza las caras para dar apariencia de cambio, mientras los negocios a espaldas del ciudadano se suceden en continuo.


En pocos años seremos invadidos por extranjeros inversionistas y por europeos quebrados, que romperán las montañas, nuestra cultura y nuestras vidas. ¡Qué vaina ser un optimista informado!

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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