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Martes 17 de Enero de 2012 - 12:01 AM

¡No más paños de agua tibia!

Columnista: Jaime Calderón Herrera

A nosotros todo nos llega tarde y mal aplicado.  Para el economista Lester R Brown,   el automóvil fue una  promesa de movilidad y, en una sociedad mayoritariamente rural, cumplió. Hoy, en áreas urbanas, en algún momento, produce inmovilidad, con un costo en los Estados Unidos para el 2007, de 87 mil millones de dólares, según el Instituto de trasporte de Texas.

Tal vez por ello, en ese país el número de automóviles chatarrizados en el 2009   fue superior a las ventas de carros nuevos  en el mismo período. Ante el  progresivo fracaso urbano del carro, los jóvenes americanos le han perdido el gustico y muchos ya ni siquiera  tramitan la licencia para conducir.

Hay en el mundo una creciente tendencia a diseñar las ciudades para la gente y no para los carros, y menos para las motos. En el país del norte, 23 estados adoptaron para el 2010 el programa de “calles completas”, es decir, calles amigables para peatones, bicicletas y autos (SIN MOTOS). Un auto en promedio, requiere de una tonelada de material para trasportar a una persona, lo cual lo hace altamente ineficiente; en contraste, una bicicleta solo necesita de 22 libras. En los países Bajos, el 25% de todos los viajes urbanos se hacen por este medio, en Alemania el 10%.

El trasporte del siglo  21  será una mezcla  de tren ligero, buses, bicicletas, autos y caminatas, dice Brown, pero pare ello se requiere reestructurar y electrificar el sistema. El futuro de los viajes interurbanos pertenece a los trenes de alta velocidad. Europa cuenta hoy con 3.800 millas de ferrovías de alta velocidad, Japón ha trasportado con sus trenes miles de millones de personas con eficiencia y seguridad; China posee más ferrovías de este tipo que  todo el conjunto de redes en el mundo.

Hace casi cien años, nuestros dirigentes de entonces y sus contratistas nos regalaron los bulevares, el redondel de San Francisco y sus calles anchas, cuando pocos carros transitaban por esos lugares. Después, la codicia, la ignorancia, la negligencia y la estupidez, nos tienen sin malla vial, sin aceras, sin trasporte eficiente y llenos de carros y de las perversas motos.

Nuestras autoridades en lugar de hacerse fotos efectistas escoba en mano, deben concentrar los esfuerzos en reestructurar nuestro sistema de trasporte, salvar Metrolínea a pesar de su desafortunado diseño,  alejándola de la ambición de particulares, aumentar los impuestos de rodamiento a vehículos  lujosos y a las motos, promover su chatarrización y diseñar y hacer  ciclovias, además de  pensar en una conectividad  interurbana con trenes veloces. Si hace 100 años imitamos a París, ¿por qué hoy no podemos pensar en un tren como el que une a Bruselas con la Ciudad Luz?

Autor:
Jaime Calderón Herrera
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