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Martes 06 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

¿Sobran huevos?

Columnista: Jaime Calderón Herrera

Es curioso: los valores y antivalores no cambian su esencia, pero la sociedad en su camino ondulante de trasformaciones  los adopta en proporciones distintas.


Valores como la austeridad, la honestidad, el ahorro y el esfuerzo están de capa caída en la actualidad. En cambio,  el despilfarro, la ostentación, el enriquecimiento rápido, el aprovechamiento indebido y el engaño político, están a la orden del día.


Durante el último lustro se han presentado oportunidades de enriquecimiento  haciendo política, negocios  a veces legales, otras veces rondando la legalidad o francamente ilegales. Muchos se mudaron a estratos altos sin mudarse a mejor educación y otros pasan de agache en un lugar y disfrutan en otro.


Soy amigo del escalamiento social derivado de la educación, el esfuerzo, el trabajo disciplinado y persistente, porque  fundamentado en valores, construye equidad y convivencia y con ello puede construir una sociedad democrática.


Pero una democracia cimentada exclusivamente en procesos electorales y de contera altamente contaminados de corrupción, es muy vulnerable y más cuando la sociedad trascurre por una mayor proporción de antivalores.


Ante la grave situación económica y social en la España de hoy, el columnista catalán Antoni Puigverd escribió acerca del despilfarro de los funcionarios del Estado: “Complemento imprescindible de los recortes es el puritanismo en la alta dirección. Hace bien Artur Mas viajando en clase turista a Marruecos. Ahora solo hace falta que el ejemplo cunda en la política menor (en diputaciones e instituciones similares: las que más gastan y menos rinden). Viajar en metro, cobrar según rendimiento, ahorrar al céntimo. No se trata de abanderar nuevos valores, como dicen los ingenuos. Se trata de salvar las instituciones democráticas de la ola de indignación, resentimiento y populismo que avanza como la pólvora acompañando la recesión.”


Entre nosotros abunda el resentimiento y el populismo, la recesión llegará, pero carecemos de capacidad de indignación.


Cómo sería de diferente Colombia si nuestros gobernantes, nuestros políticos y nuestros dirigentes adoptaran la austeridad para sí mismos y desecharan las prebendas, y en cambio llenaran sus mentes y su actuar de proyectos ambiciosos para todos… y  si nosotros supiéramos indignarnos.


Esperanza para el que siembra cocos, en un país que tiene tres huevos cuando tener uno ya es cosa peyorativa.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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