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Lunes 09 de Abril de 2012 - 12:01 AM

¡Agua bendita!

Columnista: Jaime Chavez Suarez

No solamente para referirnos al precioso líquido que esparcen los sacerdotes en las ceremonias religiosas, sino por los contrastes mismos que encierra, cuando tenemos épocas de abundancia, como las actuales, mientras escasea en otras latitudes. El agua es el símbolo más representativo de la vida, es obra suprema de la creación y fuente permanente de reproducción natural que impulsa el renacer de los seres vivos.


El agua está presente en grandes proporciones, tres cuartas partes de nuestra tierra están cubiertas de agua, y es posible que exista en otros planetas. Por lo anterior, se podría pensar que el ser humano no debería preocuparse por el agua, pero cuando observamos el abuso que a diario hacemos de la naturaleza, comienza, entonces, a crecer la preocupación, dada la alta dependencia que tenemos de este vital líquido, al punto de que el hombre siente amenazada su existencia a menos     que controle los riesgos de su destrucción y se decida a hacer un manejo regulado e inteligente de su conservación y uso.


Colombia es uno de los países con mayor riqueza hídrica y el manejo ambiental que debe hacerse, desde el ministerio, exige un replanteamiento urgente sobre la conservación y el tratamiento de aguas. Las corporaciones deben manejarse con criterios técnicos que garanticen a las futuras generaciones la existencia de abundantes fuentes de agua.


En Santander, podemos decir que existe un buen grado de conciencia sobre el uso de los recursos naturales, cuyo nivel debe subir mediante programas de formación académica en los centros educativos y a través de líderes comunitarios que ayuden a generar opinión en este campo. Así se tendrán sólidos argumentos para enfrentar a quienes quieran valerse de la ocasión, colocando el poder político al servicio de intereses económicos en la explotación minera, sin guardar las medidas correspondientes que eviten el deterioro ambiental y la destrucción de fuentes hídricas.


Si queremos ser una despensa de alimentos para el mundo, debemos cuidar la riqueza natural que tenemos en los ríos, lagos y quebradas. Complementar su manejo con represas, diques y distritos de riego nos convertirá en generadores de energía, exportadores de alimentos y, en un futuro no muy lejano, en exportadores de agua que ¡mitigue la sequía existente en otras partes y produzca divisas para el país! Será una manera también de prevenir nuevas guerras que se desatarán, no por el petróleo o el oro, sino por el agua bendita.

Autor:
Jaime Chavez Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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