Lunes 20 de Octubre de 2014
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Jaime Forero Gomez
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Sábado 22 de Junio de 2013 - 12:01 AM

Pesticidas, solventes y enfermedad de Párkinson

Autor: Jaime Forero Gomez

Similar a otros problemas del sistema nervioso central, la frecuencia de pacientes con enfermedad de Párkinson aumenta, tornándose un problema grave en salud pública.

Fuera de la edad e historia familiar, existen una serie de factores que contribuyen en su aparición como la diabetes, hipertensión y los estilos de vida asociados a la contaminación ambiental, fumar y dieta alimentaria inadecuada. Hoy el entorno de vida y trabajo son considerados de vital importancia en la aparición especialmente en etapas más tempranas. El confirmar que el metabolito activo de una tetrahidro-piridina, componente vital de muchos pesticidas, principales contaminantes orgánicos, causa una forma subaguda, temprana y severa de enfermedad de Párkinson, ha alertado a las autoridades de salud en el mundo y no en Colombia sobre el papel de estas sustancias y de disolventes químicos en la producción de la enfermedad.

Los pesticidas (y sus subcategorías como los insecticidas y herbicidas) y disolventes actúan sobre lo que se denominan las vías dopaminérgicas del cerebro, es decir, las redes de neuronas que transportan la sustancia dopamina de una zona del cerebro a otra. La dopamina regula las zonas del cerebro comprometidas en los movimientos finos del cuerpo, procesos de gratificación, placer y euforia entre otros. Lógicamente intervienen diversos factores como el tipo y clase de pesticida o disolvente, tiempo y frecuencia de exposición, ruta de ingreso al cuerpo (ej., inhalada o transcutánea), espacio donde se usan (ej., habitación, granja) y método de aplicación (ej., pulverización o mezcla) entre otros. A “más” uso y exposición, mayor riesgo de enfermedad. Muchos compuestos son prohibidos en países industrializados, lo que tristemente no sucede en nuestro país. Los fabricantes de productos químicos junto con las autoridades de salud deberían ser los principales interesados en no comercializarlos por los efectos sobre la salud humana. Esto es utópico. A pesar de la información existente sobre los efectos secundarios, no existen políticas de salud reales, buscando evitar la exposición, especialmente en la población infantil, desde antes de nacer.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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