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Sábado 19 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

El último testigo vivo

Columnista: Jaime Forero Gomez

Rafael murió en el primer semestre del 2017. El y los tíos fueron desplazados de García Rovira una madrugada de un día cualquiera de 1949. Toleraron amenazas, bombas, saqueos, violaciones, disparos por la espalda y secuestros al mayordomo y sus familias; vacas y toros con los cuernos incendiados recorriendo los campos sembrados quemando fincas, casas y pueblos sin que las autoridades lo impidieran. Era una familia como muchas otras, generadora de progreso y empleo en Málaga. Fue la época de Samuelito y sus secuaces cuyos descendientes vivos no imaginan el terror que sembraron sus ancestros para apoderarse de las mejores tierras de la región. Eran amenazados de muerte y obligados a firmar traspasos de propiedades. Esa madrugada les tocó salir con lo que tenían puesto y esconderse cerca de Capitanejo porque al otro lado del río los esperaban los secuaces de José María, gobernador de Boyacá.

Hoy nos horrorizamos con las masacres guerrilleras y paramilitares pero estos actos horrendos son “juego de niños” comparados a los incendios, violaciones, mutilaciones y desapariciones sucedidas en García Rovira en los años 50.

Por circunstancias de la vida, años después tuvo que defender a varios policías enviados de Boyacá el 9 de abril. La orden del gobernador a su “ejercito privado” procedente de Pangote y Boavita (Chulavita) era generar caos, destrucción y asesinar a cuanto dirigente encontraran como efectivamente lo hicieron. El 10 y 11 de abril después de destruir e incendiar a Bogotá fueron trasladados en los mismos camiones oficiales de Boyacá y Santander a sus pueblos de origen. Los jueces y abogados que investigaban el orden público en Málaga fueron asesinados por los mismos personajes. La historia escrita sobre estos hechos ha pretendido esconder los verdaderos autores materiales e intelectuales. Es doloroso ver un abogado de 90 años llorando al recordar la tragedia y relatando lo vivido por culpa de la ambición y politiquería de algunos. Pudo perdonar pero nunca olvidar. Siempre quiso que se conociera la verdad para que la politiquería y dirigentes traidores no sigan destruyendo a Colombia.

Autor:
Jaime Forero Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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