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Mar Sep 26 2017
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Sábado 26 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Epigenética de la adversidad

Columnista: Jaime Forero Gomez

Hoy sabemos que la salud y enfermedad dependen fundamentalmente de la interacción entre el medio ambiente y los genes que tenemos. Estos genes pueden encenderse (activarse) o apagarse (desactivarse) y los cambios y alteraciones que producen en el cuerpo los estudia la epigenética.

En las primeras dos semanas de embarazo se inicia el desarrollo cerebral. Podemos decir que la madre no se ha dado cuenta de que está embarazada y el desarrollo cerebral ya se ha iniciado. Esta etapa es crítica por la cantidad de sustancias nocivas especialmente derivadas del petróleo, carbón, minería a cielo abierto y construcciones que empiezan a entrar a ese niño en formación, causales de cientos de cambios epigenéticos en el desarrollo cerebral.

La maduración del cerebro es el resultado de una adaptación ambiental de las redes de neuronas que vienen preprogramadas genéticamente y cuyas alteraciones son causales de enfermedades psicológicas y del desarrollo. Lo grave no es solo la alteración ambiental que modifica el desarrollo del cerebro, produciendo enfermedades como el autismo; hoy sabemos que el estrés emocional temprano en la vida durante periodos específicos del embarazo, producido por experiencias ambientales y emocionales negativas como el desplazamiento, abuso, maltrato, violación, guerra, noticias sangrientas, interfiere en la maduración de la estructura y función del cerebro. Hay vínculo directo entre la adversidad infantil y el comportamiento en la vida adulta.

Los traumas tempranos en la vida producen “cicatrices” funcionales en los circuitos de neuronas esenciales para el control emocional, de aprendizaje y memoria. Los traumas vividos por nuestros ancestros y en nosotros por las vivencias actuales, está produciendo en el cerebro, adaptaciones neuronales “heredadas” que nos producen alteraciones mentales y conductuales que nos impiden interrelacionarnos en forma adecuada. Los padres tienen papel primordial en evitar estas disfunciones en la niñez temprana, para que los niños desarrollen adaptaciones cerebrales que reprogramen su estructura cerebral con mejor manejo del estrés y resiliencia ante las adversidades más tarde en la vida.

Autor:
Jaime Forero Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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