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Sábado 31 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Cecilia Navas Cadena

Columnista: Jaime Luis Gutierrez

Definitivamente Cecilia fue una dama muy especial, de calidad humana, de rectitud y de inteligencia notablemente superiores que dejó profunda huella en quienes tuvimos la suerte de conocerla y de disfrutar de su valiosa amistad. Dialogar con ella era una valiosa experiencia por lo ameno y por lo exquisito de su charla, por su brillante inteligencia que se destacaba por la solidez de sus argumentos y conceptos, nutridos a través de su permanente lectura de los mejores humanistas y tratadistas de los temas psicológicos y sociológicos afines con su profesión y con sus intereses personales centrados en el desarrollo humano.


Como cuñada fue siempre una persona maravillosa que se hacía amar y admirar por su calidad y calidez  humana y fue para mis hijas y mis nietos, no solo una inigualable tía, sino una acertadísima consejera y confidente que generó en todos ellos una admiración y un profundo afecto que muy seguramente marcará y orientará sus vidas eternamente.


Casada con Jacinto Rangel Luque, fue siempre una inigualable esposa y una incomparable madre para José Rafael a quien dedico su vida como la más amorosa y comprensiva madre.
Inicio muy joven su vida laboral y siempre se destaco en todas las instituciones con las cuales laboró, como Seguros Bolívar y el Fondo de Ahorro de la UIS, por su inteligencia, eficiencia, dinamismo e indeclinable rectitud en todas sus actuaciones y decisiones.


Siento que tengo para con ella una enorme deuda de amistad porque, sin querer, creo que le hice un gran daño al inducirla a los estudios universitarios. Cuando éramos muy jóvenes me habló de que deseaba estudiar Derecho y la anime para que se presentara como candidata a la Facultad de Derecho de la UNAB, pero ella me manifestó que, como hacía tantos años había terminado bachillerato y se había  dedicado al trabajo, no se sentía muy preparada. Le dije que, conociendo el nivel académico de los bachilleres y la enorme cultura de ella, adquirida a través de sus selectas lecturas, tenía la certeza de que lograría su cupo en la universidad. Como no me creyó, un día la inscribí para Trabajo Social en la UIS y le llevé el formato de inscripción diciéndole que no lo dejará perder y que más bien lo tomará como una preparación para su examen de Derecho. Resultado de la presentación del examen obtuvo el puntaje más alto. Animada por esto estudió Trabajo Social en la UIS, en donde se destacó notablemente, pero el derecho santandereano perdió una jurista que sin duda alguna hubiera sido muy destacada por su brillante inteligencia, por la solidez de sus argumentaciones y por su indeclinables rectitud y ética.


En alguna ocasión la generosidad de mis cuñados hizo que, por votación unánime, me declararán de todos ellos “Hermano Honoris Causa” y esto hace que la ausencia de Cecilia la haya sentido como la pérdida de una gran hermana, pero que, junto con Bertica, tengo la certeza de que en el cielo cuento con dos abogadas y protectoras, no solo mías, si no también de mis hijas y de mis muy amados nietos. ¡Mil Gracias Cecilia!

Autor:
Jaime Luis Gutierrez
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