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Jairo Martínez
Sábado 11 de febrero de 2012 - 12:00 AM

La alegría de morir

Publicado por: Jairo Martinez

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Es una lástima muy grande que nuestra cultura haya hecho de la muerte un acontecimiento doloroso y terrorífico, en lugar de interpretarlo positivamente dentro de un marco espiritual y realista, como sí lo hacen otras culturas más avanzadas que nosotros en su desarrollo humano y espiritual. De hecho "la muerte no existe" porque nuestro verdadero yo, que es indiscutiblemente de naturaleza espiritual, nunca muere y permanece vigente en el mundo espiritual, que es al cual realmente pertenece desde siempre.

Los seres cuyos cuerpos físicos mueren, permanecen en el mundo espiritual y nos siguen amando, ahora de una manera superior, y siguen pendientes de nosotros y ayudándonos permanentemente de una manera sutil, pero efectiva. De hecho el cuerpo físico muere todos los días y sus células se renuevan permanentemente, de tal forma que las células óseas, que son las más duraderas en nuestro cuerpo, sólo tienen de verdad algo más de dos años.

Múltiples ejemplos y casos de la vida real nos han demostrado que "el amor", que es una de las formas más bellas de la energía cósmica y humana, como todas las demás formas de la energía, según lo han demostrado ya las ciencias físicas, "no se crea, ni se destruye, sino que se conserva". Este hecho, plenamente demostrado, nos permite tener la certeza de que los seres que nos han precedido en el viaje a la eternidad, siguen plenamente vigentes y mantienen activo su amor, su interés y su preocupación por todos los seres y las instituciones que amaron en la vida.

El cuerpo físico es, y siempre ha sido, un lastre y una limitación para el espíritu o el alma, que, siendo de naturaleza espiritual, es por ello pluridimensional y por tanto infinito, y por esta razón siempre se ha sentido y se sentirá realmente prisionera en el mundo tridimensional de la materia física.

Si no fuéramos tan egoístas y no tuviéramos una visual de la muerte tan limitada y distorsionada por nuestra cultura pesimista y materialista, y sí además fuéramos coherentes con la información espiritual y escatológica comprobada de que hoy disponemos, nuestro "duelo" se cambiaría por una verdadera "fiesta cósmica, espiritual y familiar", en razón de que los seres queridos que abandonan su cuerpo "pasan a mejor viva" y "se integran al mundo espiritual y causal", más cerca de la Fuente de la Vida y del Amor Sublime, que todos llamamos acertadamente Dios, el Creador o la Divinidad.

Cuando uno entiende la muerte de esta manera, sabe muy bien que nuestros seres queridos siguen viviendo en el Mundo Espiritual, que es más real y que está más cerca de nosotros de lo que creemos, porque nos compenetra y nos sostiene, y esto hace que estén más cercanos y que podamos vivir siempre en un hermosa y sólida intimidad con ellos.

Vista desde este punto de vista espiritual, "la muerte es un acontecimiento realmente feliz". Y no lo digo yo, lo dice Santa Teresa, a quien espero no traicionar al citarla de memoria en aquel bello y sabio poema que aprendí en mi niñez: "Ven muerte tan escondida / que no te sienta venir / para que el placer de morir / no me vuela a dar la vida".

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