Íbamos despacio y comentábamos en detalle sobre el crecimiento ordenado que se veía en aquellas viejas calles bumanguesas. De pronto Crótatas se puso pálido, sus ojos bailaban de un lado a otro y gruesas gotas de sudor comenzaron a bajar por sus cachetes. Yo lo miraba atónito, no entendía lo que le pasaba, hasta que él, frunciendo los labios e indicando con la cabeza, me hizo mirar hacia el frente donde, en la intersección de la carrera 19 con calle 36, estaba un alférez de tránsito. Cuando llegamos a la esquina su nerviosismo se acentuó y fue tan evidente que el agente de tránsito, libreta de multas en mano, le preguntó: “Joven Crótatas, ¿se siente bien?”. Crotaticas, vencido, replicó: “Perdone señor agente pero es que hoy se me quedaron los papeles en casa y no traigo el pase”.
El funcionario se quedó quieto, pensaba en qué hacer mientras guardaba la nefasta libreta en uno de los bolsillos traseros de su pantalón y le sacaba lustre a sus botas frotándolas una contra la otra. Poco a poco se acercó, tomó a Crótatas por el brazo y dijo: “Vamos Crotaticas, le ayudo a atravesar la 36 y no se preocupe por el pase que todavía no ha llegado el día de exigírselo a los peatones”
Aunque cueste creerlo esto pasaba en Bucaramanga hace ya más de veinte años, época en que el tránsito de la ciudad fue considerado el mejor del país y los directores de la entidad –Aquiles Torres, Héctor Gerardo Cáceres- irrigaban el buen ejemplo a otras ciudades. Ellos, expertos, ingenieros de vías, lograron crear una conciencia vial y generaron un respeto hacia el cumplimiento de las normas tan importantes que no era raro que a algún despistado le pasara lo de Crótatas cuando veía a la autoridad.
Todo esto terminó, los expertos viales fueron remplazados por abogados, amas de casa y parientes de políticos que sin conocimiento alguno de tema tan importante, nos trajeron al infernal caos que hoy padecemos todos los parroquianos. La cultura vial que teníamos desapareció, los alféreces no saben si responden al director, al concejal, al alcalde o la señora del senador mientras que los conductores no podemos movernos en la maraña de carros en que se convirtieron nuestras vías.
Ojalá el alcalde acierte en la designación del nuevo director, ya es hora de ponerle seriedad a esto. Ojalá, también, que los agentes cambien los ‘comparendos’ por multas y las ‘comparenderas’ por libretas. ¡Que por lo menos hablen bien!

