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Sábado 20 de Abril de 2013 - 12:01 AM

Buen viaje, Venerable Maestro

Había sido un largo día de trabajo y estaba muy cansado. Luego de cenar nos pusimos a conversar, iluminados por la luna de Zapatoca que nos dejaba ver buena parte del hermoso cañón del río Suárez. Contrario a mi total agotamiento lo veía relajado, fresco, y entonces le pregunté: Alfonso, ¿cómo hace para conservarse tan bien? Me miró y dijo:

“Son dos cosas, servir con desinterés a los demás y no caer en excesos porque cualquier desbordamiento enferma y mata y servir de esa manera trae de vuelta una energía que sana y refresca”.

Así era Alfonso Gómez Gómez, un campesino que un día salió de Galán, su pueblo, a prepararse para dedicar su vida entera al servicio de los demás, y entre estos a los más necesitados. Su vocación de trabajo, su disciplina, su memoria y su asombrosa inteligencia lo llevaron a adquirir una gran cultura de la que disfrutábamos sus familiares, compañeros, amigos y todos quienes tuvieron la fortuna de compartir con él en algún momento de su vida.

Su genuino interés por los menos favorecidos lo llevó a ser embajador en Rusia y China. Recuerdo ahora que cuando regresó de este último país, y mientras sus ocupaciones se lo permitieron, me recogía todos los días a las 5 a.m. para ir a caminar. Un día, casi dormido porque había trasnochado, le pedí que corriéramos un poco el horario de la caminata. “Mire Jairo, me dijo, yo voy delante de los demás porque mientras ellos duermen, yo trabajo. No podemos desordenarnos”.

Fueron más de 70 años los que dedicó a la política en los que no dejó pueblo, vereda o caserío del departamento sin recorrer. Conocía a los campesinos por su nombre y a todos sirvió. A la par con esta actividad ayudó a formar a miles de santandereanos a través de la educación a la que siempre consideró como la gran ‘niveladora’ de la sociedad.

A todos en la familia siempre nos enseñó con su buen ejemplo, con cariño y con paciencia y hoy, al recordarlo, siento que dejó en nosotros una impronta muy fuerte, muy firme, que nos honra y siempre conservaremos: la de su integridad.

Nuestra tristeza de hoy aquí por su partida es contraria a la alegría en el Oriente Eterno por su retorno porque Alfonso Gómez Gómez regresa allá, donde confluyen en paz y armonía los seres de buena voluntad para iluminar las esferas más sublimes. Buen viaje, Venerable Maestro.

Autor:
Jairo Martinez
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