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Mar Nov 21 2017
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Actualizado 06:01 pm
Sábado 08 de Julio de 2017 - 12:01 AM

No creo en milagros

Columnista: Jairo Martinez

El silencio de las balas nos dejó oír el ruido de la corrupción, que es más constante y está extendido por todo el territorio nacional. Los fusiles y las granadas tronaban de vez en cuando en las montañas y poblados lejanos; el sonido de la corrupción es distinto, es como un murmullo, como una serie infinita y siniestra de órdenes y arreglos secretos dichos al oído, en todas partes y a todas horas, para que no queden testigos, ni pruebas, de ningún delito.

La corrupción política, que se nutre de la pobreza y de la ignorancia de la gente que siempre vota por unos delincuentes a sabiendas de que lo son, ha copado todos los espacios del Estado y terminó por hacer de la ley una burla, de la moral un chiste, de la economía un desastre, de la verdad una mentira y de la esperanza de una vida digna, de un país decente, un completo imposible.

En Colombia, los presidentes, ministros, congresistas, gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, magistrados, jueces, fiscales, procuradores, gerentes de institutos descentralizados y secretarios de medio pelo en cualquier despacho oficial, casi sin excepción, mienten, manipulan y roban sin medida ni descanso.

Que el Fiscal General haya nombrado como jefe anticorrupción y para dirigir su programa bandera ‘Bolsillos de Cristal’ a un probado corrupto, detenido por corrupto y casado con una corrupta, es apenas uno más de los casos que se dan silvestres en esta democracia colombiana en la que nadie responde, nadie asume las consecuencias y, por el contrario, los culpables terminan siendo los más honorables ciudadanos, con cientos de escoltas para protegerlos y con los medios de comunicación tras ellos para hacernos conocer sus fabulosas propuestas cuando quieran llegar a la presidencia.

Si seguimos eligiendo a los mismos corruptos no habrá forma de salir de este círculo macabro en el que estamos. Es muy difícil que haya un cambio porque la pobreza económica y espiritual que tenemos es muy grande y la ignorancia es cada vez mayor. No creo en milagros, pero sería lo único que nos salvaría.

Autor:
Jairo Martinez
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