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Sábado 03 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Historias de masones

Columnista: Jairo Martinez

A raíz del cisma en Barranquilla a finales de los 80, la incipiente Gran Logia del Norte de Colombia, al no tener sede propia, se reunía con dignidad y orgullo en el Cementerio Universal. En una ocasión, después de una Iniciación en ese sitio, que se prolongó hasta media noche, un Hermano Masón, vestido con esmoquin, caminaba por esos jardines hasta que al pasar por la puerta del cementerio un bandido armado saltó de unos arbustos y le preguntó amenazante: "¿Y es que a usted no le da miedo pasar por aquí a estas horas?" La respuesta serena del Masón no se hizo esperar: "La verdad es que cuando estaba vivo sí me daba miedo".


Contraria a la imagen adusta que tienen, por la seriedad y el silencio que envuelve a los trabajos que realizan en sus templos, los masones gozan de muy buen humor, aspecto que se ha destacado en ellos, como quiera que grandes cómicos del mundo, como Charles Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy (El Gordo y el Flaco), Cantinflas y Peter Sellers, han ingresado a esta Orden con el objeto de pulir sus piedras brutas y hacerse sabios mediante el conocimiento de sus augustos misterios.


No es raro encontrar en las historias masónicas hechos que suscitan, en ellos, una explosión de risa pero que, en quienes no pertenecen a su esfera, dejan siempre la duda sobre lo que realmente pasó o sobre lo que en verdad quieren decirnos. Es el caso de lo sucedido en Cartagena de Indias en el edificio de la Gran Logia, que cuenta desde siempre con un viejo y profundo pozo de agua. Hace algunos años, en la iniciación de dos candidatos, un masón acucioso lanzó dentro de él un adoquín grande gritando: "Hermano, ya yo lancé el mío, dale ahora con el tuyo". Naturalmente, los dos candidatos salieron despavoridos y nadie los ha vuelto a ver hasta hoy.


Finalmente, debo decir que la tan señalada enemistad de los ‘obreros del pensamiento y de la libertad’ con las autoridades del cielo no tiene fundamento. Como prueba les cuento que un anciano masón, cansado de animar las tenidas de masticación en su logia, decidió marchar al Oriente Eterno. Cuando llegó al cielo y le preguntaron qué era lo que más había hecho en la tierra, respondió que su papel era ofrecer los brindis de la Logia a la que pertenecía. San Pedro, mientras sacudía la campana, le respondió: "Pasa y entra, querido hermano. Ya has tenido suficiente infierno".

Autor:
Jairo Martinez
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