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Sábado 11 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Reelijan al Procurador… y olé

Columnista: Jairo Martinez

El procurador quiere que lo reelijan en su cargo y, para el país de bárbaros que somos, nada mejor que siga en funciones este espécimen que considera la tortura, desangre y muerte de un animal, un "acto civilizador". Para que no queden dudas de la santidad de esta alma de Dios hecha Procurador y de su concepto de civilización, les cuento apartes de lo que se ha dicho y lo que pasa en las corridas con los toros, esos animales que a Ordóñez, desde chiquito, le encanta ver morir.


José de Vargas Ponce, director de la Real Academia de la Historia, dijo en 1807: "Esto es en el fondo el objeto de cada corrida: fiereza procurada por el hombre, daños y carnicerías voluntarias, dechados perennes de crueldad y de ingratitud, y sangre vertida y mezclas de sangres, y siempre sangre y más sangre. Pues si estos son los ejemplos de los toros, ¿qué pueden producir los toros? Dureza de corazón, destierro de la dulce sensibilidad y formas tan despiadadas y crueles como el espectáculo que miran".


Veamos lo que pasa con el toro nada más comienza la corrida: el picador clava en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, transversos, etc.) y lesiona vasos sanguíneos y nervios. Después vienen las banderillas a asegurar que la hemorragia siga mediante el ahondamiento de las heridas internas. Una vez la pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, el valiente matador entra en el ruedo a enfrentarse a un toro exhausto, moribundo y confundido.


La espada de muerte (80 cm) puede destrozarle hígado, pulmones, etc., según el lugar por donde penetre en el cuerpo del animal. Si el toro corre con suerte, muere de una estocada que le penetra pulmones y diafragma, a veces una arteria mayor, de ahí la hemorragia que se aprecia del hocico y que los lleva a morir ahogados en su propia sangre. Si aún no muere, el toro se encamina penosamente hacia la puerta por la que lo hicieron entrar, buscando una salida a tanto maltrato y dolor pero, entonces, lo apuñalan en la nuca con el descabello, otra espada que termina en una cuchilla de 10 cm. con la que le seccionan la médula espinal a la altura de las vértebras atlas y axis.


Lindo acto civilizador ¿no? Lo dicho, reelijan a Ordóñez, sangre y un alma así de piadosa es lo que necesita Colombia… y olé.

Autor:
Jairo Martinez
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