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Sábado 14 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Pido cacao

Columnista: Jairo Martinez

Por varias razones he sido aficionado al cacao. Recuerdo que mi mamá me hacía tomarlo al desayuno para despertarme por completo y que tuviera la ‘tusta’ bien abierta en el colegio. Eso pasaba pero, además, me ponía contento y creativo, aspectos que me daban ventaja sobre los compañeros de clase que apenas apartaban la modorra en el recreo. Ahora, años después, sigo tomándolo porque se comprobó que beneficia el sistema circulatorio, es antioxidante, reduce la presión sanguínea y el colesterol malo, acaba con la tristeza, la ansiedad y la irritabilidad, tiene efecto anticanceroso, es antitusígeno, diurético y antidiarreico.


Como si faltaran ventajas, recientes estudios demostraron que derretir chocolate en la boca produce un aumento en la actividad cerebral y el ritmo cardíaco es más intenso que el asociado con el beso apasionado y que, también, dura cuatro veces más. Mejor dicho, el cacao nos alegra, nos alarga y hace mucho más sana, útil y productiva la vida, ¡qué maravilla!


En Colombia esta riqueza del cacao nos la han dado, principalmente, los campesinos santandereanos del Carmen y San Vicente de Chucurí, Landázuri, Santa Helena del Opón, La Paz, Cimitarra, Rionegro, El Playón, Lebrija, Zapatoca, Betulia, Girón y el bajo Simacota que hoy, sin embargo, están al borde de la quiebra por razones como la permisividad del Gobierno en importaciones del mismo producto subsidiado en los países de origen, el contrabando del cacao en grano y de la cocoa –chocolate basura-, factores estos que han provocado una caída brutal de los precios del cacao por encima del 45% en los últimos 4 meses.


Es necesario, si queremos que las 40 mil familias y los más de 400 mil campesinos que se dedican a esta actividad puedan seguir produciendo, que, entre otras medidas urgentes, el Gobierno nacional fije un precio que sea remunerativo y estable; que haya condonación y/o reestructuración de las deudas que afrontan los cacaoteros con las entidades financieras; que se detenga la importación con cero arancel de cocoa, y que se combata a fondo el contrabando. De no hacerse esto estaría en peligro, además de la producción, la propiedad que tienen los campesinos sobre las tierras debido a la proliferación de embargos y a las quiebras.


Como el tiempo apremia y porque hasta ahora no han atendido sus justos reclamos, nuestros cacaoteros marcharán este lunes hasta la plaza de Bolívar en Bogotá, donde esperan soluciones por parte del presidente Santos. ¡Estamos con ustedes! ¡No es justo que el cacao siga en la olla! ¿O sí?

Autor:
Jairo Martinez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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