Lunes 28 de Julio de 2014
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Jairo Puentes Bruges
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Miércoles 17 de Julio de 2013 - 12:01 AM

Capa de ozono: ¿pasamos de un déficit a un exceso de ozono?

Autor: Jairo Puentes Bruges

Un reciente estudio concluye que cerca de 470.000 personas mueren cada año por exposiciones al ozono troposférico (presente en el aire que respiramos), que ocasiona trastornos pulmonares y respiratorios (EnvironmentalResearchLetters, 2013). El estudio estima igualmente que más de dos millones fallecen por exposiciones a partículas llamadas PM 2.5. Estas partículas muy pequeñas penetran profundamente en los pulmones y están asociadas a accidentes cardiovasculares y cáncer de pulmón. Este tipo de enfermedades ocasiona serios estragos en todo el mundo (aunque la contaminación del aire no es la única causa de las mismas). En el Estudio Mundial sobre Carga de la Enfermedad (OMS) se informa: “las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares, la enfermedad pulmonar obstructiva, las infecciones respiratorias” (entre otras) “se cuentan entre los enemigos número uno de la salud de los colombianos”.

El problema se complica, pues la calidad del aire tiende a deteriorarse, sobre todo en países como Colombia, donde los alcaldes todavía piensan que estos problemas de alta complejidad se arreglarán con un día sin carro. En el ámbito mundial las cosas podrían agravarse por un paradójico fenómeno. En los años ochenta se generó una alarma mundial, pues la capa de ozono estaba siendo destruida por los clorofluorocarbonos; las imágenes mostraban la existencia de un hueco sobre la Antártida y un peligroso aumento de las radiaciones ultravioleta. Por lo mismo, estas sustancias fueron prohibidas por el Protocolo de Montreal (1989) y después la ozonosfera empezó a recuperarse.

Pero recientes estudios advierten que la recuperación de la capa de ozono podría traernos un inquietante e inesperado efecto secundario. Al aumentar la concentración de ozono en la estratosfera, efectivamente las radiaciones ultravioleta están regresando a niveles aceptables. Pero, al mismo tiempo, como resultado del calentamiento global, parte del ozono estratosférico (que a gran altura es benéfico) podría trasladarse a bajas alturas (troposfera) y ahí agravar los problemas sanitarios que ya causa el ozono en el aire de las ciudades (Science&Vie, junio 2013).

La conclusión es que toca redoblar los esfuerzos para controlar tanto los gases de invernadero, como los que agotan el ozono.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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