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Lunes 30 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Mi vocación como maestro

Luego de 35 años de trabajar con el magisterio me pensioné. Le cuento que me siento feliz al poder ver mi obra de tantos años. En mi camino encuentro profesionales de todo tipo, quienes años atrás habían sido mis alumnos.

Estando con mi esposa visitando una hija que vive en Quito, Ecuador tuvimos un percance de salud: Mi señora sufrió un fuerte dolor estomacal, lo cual preciso atención en una clínica de dicha ciudad.

Fuimos atendidos de manera inmediata por uno de los médicos de turno, quien por gran sorpresa resultó ser un alumno que tuve cuando era maestro de primaria.

Usted no puede imaginar la inmensa alegría que sentí cuando este joven profesional me preguntó mi nombre y confirmó haber sido mi alumno.

Esa es la gratificación de nuestro papel como docentes. Formamos para la vida niños y jóvenes que luego serán grandes personas. ¿Qué piensa usted?

Respuesta
Distinguido maestro: He ahí el resultado final de su paso por la vida. Dejó una huella indeleble al interior del alma de aquel médico que hoy por circunstancias especiales le recordó con aprecio, porque siendo niño ¡fue su alumno!  

El principal objetivo de cada docente debe ser que “los alumnos se ilusionen por el futuro”, buscando los medios adecuados para facilitar su realización integral con el apoyo y participación activa de sus progenitores.

Ha de recibir esta experiencia como la reafirmación de su exitoso ejercicio como maestro. ¡Felicitaciones!

Reflexión
El verdadero maestro se compromete a gozar esa maravillosa experiencia de formar la inteligencia y voluntad de sus alumnos, siendo para ellos no solo su formador si no, por encima de todas las cosas del mundo, ¡su amigo!, guía, conductor, orientador o facilitador.

Tendrá el Don de saber escuchar para entender lo que piensan o sienten los alumnos. La especial predicación inculca conocimiento y sabiduría que trascenderá en sus discípulos a medida que crecen y forman integralmente su personalidad.

Luego, con el paso del tiempo gratamente verán su obra reflejada en personas sólidas, maduras, comprometidas, exitosas familiar, profesional y socialmente.

Se ha preguntado ¿cómo estimularé a mis alumnos para que se ilusionen por el futuro siendo personas exitosas y felices? ¿¿He procurado ser atento y cordial en mi relación con ellos? ¿Estoy pendiente de sus estados emocionales buscando los medios para que solucionen sus conflictos? ¿Reconozco mis debilidades y estoy dispuesto a cambiarlas o superarlas? ¡Manos a la obra!

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