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Mar Sep 26 2017
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Actualizado 05:58 am
Lunes 31 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Independencia vs sobreprotección

Columnista: Jorge Eliecer Díaz Wilches

Aún a mis 21 años mi madre vive pendiente de todo lo que hago. Parece mentira pero vive pendiente de todo aún de mis gustos, mi novia, amistades y deseos. Quiere conocer hasta mis sueños. Es algo agobiante, estresante y aburrido. Así ha sido desde que yo era un niño.
De igual forma cuida a mi hermana menor que tiene 19 años. Mi padre dice que la dejemos, que le tengamos paciencia, que lo hace porque nos quiere. ¿Qué podemos hacer con el comportamiento de mi madre? Espero sus comentarios.

 
RESPUESTA
Estimado joven: Indiscutiblemente su mamá de buena fe ha ejercido una sobreprotección significativa con los hijos que les asfixia y oprime, creando un ambiente de angustia, miedo, inseguridad e inestabilidad porque desconoce sus capacidades y necesidades.
Ella refleja con el comportamiento sus propias inseguridades. Considera que debe tener el control de sus actuaciones porque tal vez no serán capaces de realizar ciertas cosas sin su ayuda.
Propicie un espacio de diálogo donde puedan expresar lo que piensan y sienten: Agradezcan inicialmente la preocupación y amor de sus padres al haber encausado su desarrollo y excelente formación en valores, siendo un buen ejemplo de responsabilidad, honestidad y disciplina. 
Díganle a su mamá: Confía en nosotros. Ayúdanos a forjar nuestro propio camino evitando ejercer tanta sobreprotección. Tú y mi papá nos enseñaron a ser personas de bien.
Permítenos demostrar lo capaces que podemos ser. Madrecita querida ¡gracias por amarnos tanto!  

REFLEXIÓN
Los niños desde temprana edad necesitan cuidado y protección pero ¡sin exagerar!, manteniendo ciertos límites porque los excesos pueden producir violencia emocional.Papá y mamá deben tomar conciencia que con su actitud facilitan o dificultan el desarrollo integral de su hijo o hija. 
Jamás olvide que necesitan aprender desde temprana edad a ser independientes, a confiar en sus capacidades y talentos teniendo como principal apoyo a sus progenitores. 
Si se cae, déjelo que se levante; cuando come, corre, se ensucia las manos o la ropa, indíquele los cuidados y peligros pero evite limitarlo para que conozca la realidad de su entorno y cómo comportarse adecuadamente. 
Hágale sentir lo capaz que puede ser sin coartar su propia libertad. Sea motivador permanente de sus buenas acciones.
Cuando él perciba con alegría sus fortalezas, habilidades o talentos especiales estos serán en el futuro su vocación, pasión, sentimiento y realización. Sea facilitador y nunca obstáculo de su propia felicidad. Así debe ser.   

 

Autor:
Jorge Eliecer Díaz Wilches
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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