Viernes 18 de Abril de 2014
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Jorge Figueroa
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Miércoles 19 de Junio de 2013 - 12:01 AM

¡Cartagena en la olla!

Autor: Jorge Figueroa

La situación de Cartagena no es nada alentadora. Los piratas modernos, que ya no vienen en carabelas, sino andan en lujosas camionetas, la tienen sitiada y saqueada en medio de la indiferencia de propios y extraños. Los primeros, pobladores de apellidos tradicionales, se refugiaron desde el comienzo dentro de la ciudad amurallada, y hoy viven aislados en el barrio de Castillo Grande. Los segundos, los turistas, que llegan pero permanecen ocupados en las fiestas del jet set, los restaurantes, las discotecas, los matrimonios, los reinados, los congresos, la playa y hasta los burdeles.

Tanto los de abolengo como los visitantes coinciden en estar alejados de la realidad de una ciudad, que no es solo la de las fiestas en el Club Cartagena, la de las ostentosas cumbres presidenciales o la de las bellas fotos subidas a las redes sociales en bikini. Lo más triste es que por culpa de la indiferencia de todos los colombianos, la ciudad terminó siendo el botín de unos pocos que se aprovechan metódicamente de su presupuesto en un verdadero carnaval de corrupción. No existe en Colombia un laboratorio social tan amplio como el de Cartagena, para estudiar profundamente la inequidad, la injusticia social, la segregación, la marginalidad y la pobreza, fenómenos que tienen amurallados al 75% de sus habitantes. En pleno siglo XXI, por increíble que parezca, la mayoría de su población permanece encadenada por las malas condiciones de vida, representadas en la carencia de infraestructura pública, donde se destaca que a pesar de más de un billón de pesos de presupuesto anual, sigue existiendo una ciudad subterránea de cifras espeluznantes, con el 36% de la población sin agua potable y alcantarillado, viviendo hacinados en casas de cartón y madera, excluidos de la cobertura de salud y educación, con hambre y desnutrición y cientos de menores en la prostitución.

Pero frente a este desgarrador panorama social de contrastes, donde la clase política sin pena saquea los recursos, solo sale destacado en los medios el testimonio a gritos de preocupación por el uso de los atractivos turísticos e históricos de la ciudad en el rodaje de películas porno de baja calidad. Pobre Cartagena, amurallada por la corrupción y la indiferencia. Insultos @figuerjoda

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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