La crisis venezolana tiene visos de terminar en una implosión social de incalculables proporciones. La polarización social tras los dudosos comicios que dieron la victoria a Maduro por un estrecho margen y su impugnación por parte de la oposición, dejan al nuevo gobierno en el incómodo terreno de una débil legitimidad.
El Gobierno no ha entendido que al afectar la correlación de fuerzas frente a las Farc aleja la posibilidad de una negociación viable. Sus decisiones militares y políticas –antes y durante los diálogos– marcan la diferencia. Llegó a La Habana con el antecedente funesto de haber cortado la maduración del fin del conflicto, que estaba garantizado con la política de Seguridad Democrática.
La pobreza rural no desapareció como podría deducirse, erradamente, de las omisiones en el reciente informe oficial. Al contrario, la ruinosa situación de sus pobladores empeoró. Pobres y miserables aumentaron casi un punto porcentual en el último año. Hoy, 47 de cada 100 de sus habitantes malvive de sobras.
Por invitación de “La silla vacía” y la Universidad Javeriana, participé en un debate en el que debíamos defender, si le conviene o no a la democracia otorgarle participación política a las Farc. El procedimiento consistía en hacer cambiar de opinión a 150 invitados ubicados en la sala contigua. Antes de exponer las posiciones se votaba y, al final, se volvía a votar.
Todo estaba dispuesto para que la jornada del 9 de abril fuera masiva, pero apenas alcanzó un éxito relativo en Bogotá. Sin duda, porque detrás de la movilización capitalina se aliaron intereses políticos disímiles, pero vitales para cada sector convocante.
El receso en las conversaciones de La Habana es crítico. Sin duda, es sintomático del diferendo que suscitó el delicado tema de las Zonas de Reserva Campesina.
El término usura se utiliza para referirse a los intereses de los préstamos, cuando las tasas de interés se perciben como excesivamente altas. A propósito de la Semana Santa, ha sido la Iglesia Católica la principal institución que ha censurado el alto cobro de intereses; por ejemplo, San Buenaventura decía que con el cobro de intereses se vendía el tiempo.
El fallo de la Corte Constitucional, aún pendiente, por las demandas que pesan contra el “Marco Jurídico para la Paz”, tiene la delicada prerrogativa de definir la suerte de las negociaciones en La Habana.
La cirugía extrema que proponen las Farc para las Zonas de Reservas Campesinas (ZRC), es absurda. Equiparar su estatus a los Resguardos Indígenas y los Consejos Territoriales de las comunidades negras, significa crear gigantescos enclaves impenetrables, en adelante, para el Estado de Derecho legítimamente constituido.