Miércoles 27 de Agosto de 2014
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Jose Félix Lafaurie
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Domingo 23 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

Nuestras razones para abstenernos

Autor: Jose Félix Lafaurie

No se hizo esperar la reacción del jefe negociador de las Farc, Iván Márquez, acusándome de ser “aliado de paramilitares y de disparar contra el foro agrario”, para poner a los ganaderos como enemigos de la paz. Los ganaderos no somos enemigos de la paz, porque hemos sido las principales víctimas de la guerra. No obstante, nos negamos a exponer el futuro de la ruralidad al escrutinio de su principal victimario, pese al duro ataque mediático que desconoce nuestro derecho al disenso. No encubriremos el verdadero propósito de las Farc de legitimar con la “participación de la sociedad civil” su modelo de desarrollo para imponérselo “por contrato” al país rural. No aceptamos la pérdida de memoria sobre nuestro pasado de violencia y no seremos coartífices de la ruina del campo. Nuestro desacuerdo fundamental se centra en que el desarrollo rural y la propiedad rústica no pueden ni deben ser negociados con las Farc, quienes durante más de medio siglo han destruido el campo, al abrigo de la ausencia del Estado y la indiferencia de la sociedad. Esa misma que ahora cree que para acabar con la violencia narcoterrorista lo más fácil es entregar como moneda de pago la suerte de 12 millones de colombianos.

Para Fedegán el foro fue un escenario más de señalamientos. Estamos acostumbrados a que la izquierda, democrática o en armas, en los centros de consultoría o en las ONG, aprovechen este tipo de eventos masivos. Esta no fue la excepción. Al final, en la plenaria, prácticamente se asfixió el susurro de los empresarios, que como era entendible, poco intervinieron en el caldeado ambiente de las mesas de discusión y sus recomendaciones por poco se excluyen de la larga lista de peticiones. El hecho es que, con o sin nuestra presencia, existe un consenso sobre la urgencia de superar las precariedades de la ruralidad. Entonces ¿por qué desde la legalidad, teníamos que legitimar a nuestros verdugos?

Ahora bien, el campo exige una transformación que deben ayudar a construir los nuevos inversionistas nacionales o extranjeros −los que están comprando la Orinoquia a los ganaderos quebrados− que llegan con músculo financiero. Es parte de reconocer que la problemática va más allá de la reforma agraria que está instigando las Farc. Ahora el Estado tiene la palabra y deberá prepararse y decidir a qué se compromete. A fin de cuentas, se le entregó a la guerrilla un “insumo” para decir que la “voz del pueblo” se hizo escuchar y, a partir de esa falacia, podría abrirse un futuro azaroso para la ruralidad, que no cohonestamos los ganaderos. Estamos en manos del Gobierno.

*Presidente Ejecutivo de Fedegán

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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