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Domingo 20 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Justicia sub iúdice

Columnista: Jose Félix Lafaurie

Al margen de si una reforma a la justicia deba hacerse a través de una Constituyente, lo cierto es que el país clama a gritos por ella, hastiado por la corrupción en sus más altos niveles. Resulta entonces sorprendente la posición negacionista del presidente de la Corte Suprema, afirmando que “El problema de la corrupción del país no es de estructuración de la Rama Judicial, es de la sociedad colombiana y de las personas”.

Claro que es de las personas y de la sociedad, pero también de las reglas de juego y las instituciones, que les permiten a esas personas carentes de moral encontrar los atajos de la corrupción. “Hay que buscar por esos lados…”, concluye el alto magistrado, como queriendo decir: Por estos lados no busquen.

Semejante declaración hace pensar que la justicia no está vendada solo para representar su neutralidad, sino porque no quiere ver. Su desbarajuste no es un problema abstracto, sino que su carencia, su aberrante lentitud, la complejidad kafkiana de sus procedimientos y, lo más grave, su matrimonio con la política, han sido el camino a la corrupción y, además, afectan al ciudadano, desde los vecinos acechados por pillos que entran y salen de las cárceles o la madre escondida porque la justicia dejó libre al asesino de sus hijas, hasta las miles de personas privadas de la libertad en espera de un pronunciamiento judicial. Musa Besaile, uno de los implicados en el último escándalo, tiene una causa insoluta con la justicia desde hace ¡11 años! El país entero vive en un pendiente jurídico que es una bomba de tiempo para la democracia.

El caso de Luis Alfredo Ramos es sintomático de esa justicia en entredicho. Él mismo, con fina ironía, califica de “coincidencia” el que, hace 8 años, cuando aspiraba a la Gobernación de Antioquia, le haya aparecido un falso testigo. Cuatro años después, otros testigos también falsos lo llevaron a la cárcel por ¡más de 3 años!, y 4 años más tarde, cuando aspira a la precandidatura presidencial por el Centro Democrático, vuelve y juega.

Hoy, cuando la medida de aseguramiento le fue revocada por la Corte y espera sentencia absolutoria, dizque aparecen unos audios –el comunicado de la Fiscalía es ambiguo–que lo involucran en pagos a los magistrados Bustos y Pinilla; otra “coincidencia” que, como bien afirma su abogado, es un sinsentido, pues fue durante el ejercicio de estos dos magistrados que Luis Alfredo entró a la cárcel y allí se quedó.

Nuestra justicia está sub iúdice, pero el primer paso es que ella misma lo reconozca y abra caminos a su transformación y a la recuperación de su altura moral.

Autor:
Jose Félix Lafaurie
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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