Y terminó la más sufrida y costosa campaña electoral de la que tenga memoria Estados Unidos. Seis mil millones de dólares, en plena crisis, fueron ¿invertidos? en esta disputa. Pero concluye con más preguntas que certezas en el caso de los hispanos que fueron decisivos ciertamente en la reelección de Barack Obama.
No solo el triunfo del candidato-presidente en el reñido estado de Florida le sirvió para sumar los votos que le permitieron una holgada diferencia en los colegios electorales. En todos los estados donde la presencia hispana está demostrada, Obama contó con el apoyo de esta comunidad que, sin embargo, no tenía muchas razones para estar agradecida con él. La tan anunciada reforma migratoria nunca llegó a ser una realidad y frente a los millones de habitantes en estado de ilegalidad, el Presidente ha sido más duro que ninguno. Quizás la gente no lo sepa pero el dato de deportaciones de Obama en un solo periodo es superior a la misma cifra en los dos mandatos del republicano George W Bush.
De manera que los votos de los hispanos fueron más bien en contra de Romney antes que a favor de Obama. Pero la realidad ahí está y aunque este reelecto presidente quiera una vez más prometer la fallida reforma lo cierto es que se estrellará en el Congreso – en la Cámara Baja que es decisiva – con una mayoría republicana que bloqueará cualquier propuesta de reforma migratoria que no se les antoje correcta según sus principios nacionalistas.
Obama mandará otros cuatro años más pero a ‘nosotros’, digo, a nuestros hermanos latinos, les irá igual que siempre: seguirá aumentando su participación demográfica, continuarán sosteniendo la lenta recuperación de la economía gringa pero de beneficios para ellos nada. Es la realidad.

