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Lunes 11 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

¡Desocupados!

Me divierte mucho la crónica social. Recibo cada quincena las revistas que contienen una alta dosis gráfica con los cumpleaños, cócteles y matrimonios del momento y no niego que repaso esas páginas con gran frivolidad. ¿Qué sería del mundo si todo fuera tan serio?

Pero una cosa es el registro fotográfico y otra muy distinta es dedicar columnas y páginas enteras de un serio semanario a analizar el despliegue de poder del Procurador General a propósito del matrimonio de su hija. Amanecieron sin tema nuestras ácidas plumas, me dije ayer domingo cuando revisé varios artículos de la Revista Semana y El Espectador. Y es que, de buenas a primeras, la boda de Natalia Ordóñez terminó siendo un asunto de Estado; un tema de debate sociológico profundo y de alta política nacional.

“Los 700 invitados fueron por miedo de caer en la hoguera del inquisidor Alejandro Ordóñez”, decía María Jimena Duzán. “El consuegro del Procurador está sancionado por el Ministerio Público”, insistía Daniel Coronell, mientras se cuestionaba cómo sería el regalo de Roy Barreras. “Con semejantes invitados a Ordóñez no le queda otra alternativa que lanzarse a la Presidencia”, dejaba ver El Espectador. Y yo me pregunto: ¿fue que el matrimonio de la niña Ordóñez se hizo con dinero público como para que se le ponga semejante lupa? ¿Es que acaso todos los invitados están bajo la jurisdicción del Procurador para decir de manera truculenta que asistieron temerosos de su implacable juicio?

Cada quien es dueño de sus propias exageraciones. Los colombianos debemos juzgar a Ordóñez por la forma en que aplica el derecho, por sus omisiones en su tarea disciplinadora o en el encargo que la Constitución le asigna como defensor de la moralidad pública. De sus fiestas se pueden ocupar los críticos de moda y los ‘paparazzi’, si acaso.
¿Estaremos tan ‘desagendados’ como para que el tema de debate de las últimas horas sea el bodorrio de la hija del Procurador?... Al paso que vamos, en ocho días nos vemos para juzgar el matrimonio de Santiago el hijo de Andrés Pastrana porque seguro la pensión de un expresidente no da para tanto. ¡Desocupados!

Autor:
José Manuel Acevedo
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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