Publicado por: José Manuel Acevedo
Hablemos del negocio de Riopaila que centra la atención de los medios por estos días. Comentemos la creación de 27 sociedades que se utilizaron para adquirir tierras con restricciones de compra y acumulación. Arranquemos diciendo que el artículo 72 de la Ley 160 de 1994 ordena que las tierras baldías del Estado solo se les pueden adjudicar a pobres del campo y en extensiones de una UAF y que nadie podrá comprar esas fincas para sumarlas con otras del mismo origen y constituir una gran hacienda, según nos ha recordado el senador Jorge Enrique Robledo.
La firma de abogados Brigard y Urrutia afirma que la ley admite interpretación y que ellos no hicieron ninguna ‘vuelta’ que resultara ilegal al momento de diseñar una estrategia de compra que le permitiera a Riopaila hacerse con 31.000 hectáreas de tierras protegidas precisamente para evitar acumulación. Si hubieran querido hacer las cosas al derecho, no habrían creado 27 empresitas distintas para perfeccionar un negocio que no huele nada bien.
Quien estuvo al frente de la operación, Francisco Uribe Noguera, le dijo a la W que estas son cosas de “abogados sofisticados”, no de leguleyos. Y puede que tenga razón. La trampa que su oficina de abogados diseñó es ciertamente sofisticada, tanto, que cada una de las transacciones por separado parecen legales pero el conjunto del negocio y el resultado final es ciertamente inmoral.
Con trampas similares, particulares pretendieron defraudar al Estado colombiano en el sonado caso de Agro Ingreso Seguro. Nada les prohibía fraccionar lotes, pero hacerlo para adquirir subsidios públicos resultaba lesivo para la sociedad y para los campesinos más pobres aunque no fuera del todo ilegal.
Con sofisticadas maromas ciertos poderosos le están haciendo trampa al país. Hoy hablamos de Riopaila. ¿Cuántos conglomerados económicos más están haciendo las mismas con los mismos?










