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Lunes 04 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

F.A.R.C.

Columnista: José Manuel Acevedo

Habemus partido político. La guerrilla ‘en camino hacia la democracia’ resolvió festejar por lo alto su aterrizaje en la arena electoral. Insistiendo en un gobierno de transición, ratificándose en sus ideas comunistas y manteniendo su nombre, entraron pisando fuerte al bejerenjenal político colombiano.

Y digo que pisando fuerte porque todo cuanto se han propuesto lo han alcanzado en cuestión de unos pocos meses: están participando en la vida civil como si nada, sin haber comparecido a ningún tribunal siquiera a contar la verdad, cuentan con recursos públicos -más de 28 mil millones de pesos- para financiar su plataforma y centro de pensamiento solo en el primer año, entregaron un balance chambón e insultante de bienes económicos dizque para reparar a sus víctimas, introdujeron su acuerdo a la fuerza en la Constitución Política de Colombia y la vienen modificando para prohibir, por ejemplo, el paramilitarismo sin que la misma prohibición opere para las guerrillas de aquí en adelante. Sus máximos líderes, que son a la vez los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad, andan en carro blindado dando hasta misa, desconectados de sus bases que están penando para que el Estado les cumpla. Decidieron además mantener sus siglas con algunas modificaciones en su significado, desafiando a las millones de víctimas, como para recordarles todos los días que sus delitos al final sí pagaron y que pueden seguir preservando cínicamente esa denominación que tanto dolor evoca.

La nueva Farc -Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común- llegará al Congreso en 2018 empujada por el Estado con curules que nos decían no serían gratis aunque al final lo fueron, sin que todavía haya entrado a funcionar plenamente la Justicia Especial de Paz y, por consiguiente, sin que alguna dosis de ‘sanción’ hayan recibido sus dirigentes no amnistiables por haber estado incursos en delitos graves.

Luego en 2019, la historia será otra. Competirán en las elecciones regionales y no nos engañemos: ayudados con la plata que escondieron harán política, ganarán alcaldías y concejos y quién quita que hasta una gobernación. ¿Y el cuento de que las víctimas iban a ser el centro del conflicto? Pues quedará siendo eso: un triste cuento.

Autor:
José Manuel Acevedo
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