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Lunes 09 de Enero de 2012 - 12:01 AM

¿Combatir la legalidad?

Columnista: José Manuel Acevedo

A los graves temas que debieran ocuparnos, hemos resuelto agregar algunos otros que estamos sobredimensionando, como si buscáramos el ahogado río arriba. Pareciera que de repente lo que nos preocupara es lo que se hace desde la legalidad, olvidándonos que el crimen siempre actúa en la sombra. ¿Le estaremos asignando un valor que no corresponde a vulnerabilidades naturales del sistema, engolosinándonos con estas discusiones mientras los que de verdad causan el mal gozan de cabal salud?


El nuevo Alcalde de Bogotá -con ansias de figuración nacional- ha impulsado un debate que es válido pero que, reitero, me parece exagerado. Como si propusiera la solución definitiva al problema de la violencia, ha pedido la prohibición absoluta del porte de armas en la ciudad capital. Burgomaestres de otras ciudades se han pronunciado al respecto, y quizás, salvo la alcaldesa de Barranquilla, buena parte se han mostrado de acuerdo con que se elimine el ‘porte legal’ de armas por parte de civiles en casi todas las regiones.


Entiendo que el desarme total es una legítima ilusión, pero mientras la realidad supere los anhelos convendría poner las cosas en su sitio. Hoy la normatividad provee herramientas para la suspensión del porte de armas en condiciones que así lo ameriten, con la participación de alcaldes y de la autoridad militar que conoce mejor que nadie la situación en cada zona. La incidencia en ciudades como Bogotá de crímenes cometidos con armas que tienen salvoconducto es del 3 por ciento frente al otro 97 por ciento que se comete - ¡qué obviedad!- con armas ilegales que son las que por regla general usa cualquier bandido. Según el Ministro de Defensa, se ha presentado una reducción del 42% entre 2010 y 2011 en la demanda de armas por particulares. Así mismo, el analista Alfredo Rangel ha apuntado que ciudades como Bucaramanga y Popayán donde existe un número importante de armas legales no presentan índices de homicidios tan llamativos como en el caso de otras ciudades donde los ciudadanos están desarmados pero pulula el crimen.


Entiendo que una señal social positiva consistiría en que todos anduviéramos desarmados. En mi caso, jamás se me ocurriría tener un arma entre un cajón. Pero lo anterior debiera lograrse con persuasión antes que con prohibición. Obsesionarnos con controlar el uso regular y concedido bajo permiso excepcional, de un arma legal, es olvidarnos de que el problema está en el mercado negro y que los malhechores nunca piden permiso. Ocurre lo mismo con la minería. A veces pareciera que estamos desesperados tratando de frenar todo intento legal de explotarla, mientras ELN, Bacrim y Farc hacen lo que les viene en gana con sus actividades de minería ilegal, sin que nadie siquiera proteste. ¿Dónde están, pues, nuestras prioridades?

Autor:
José Manuel Acevedo
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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