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Lunes 19 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

¿A qué horas fue?

Columnista: José Manuel Acevedo

Unos entran y otros salen, pero todos pasan por ahí. A estas alturas es muy difícil pensar que hubo alguien honesto y sin tacha en esa agrupación política que a mala hora se apoderó de los votos santandereanos y trascendió a otros departamentos en los que sus miembros han corrido con la misma suerte. Qué diferencia haya entre lo que se llamó en su momento Convergencia Ciudadana y ahora tiene el nombre de PIN, no lo sé, como tampoco tengo claro si existe distancia entre dos figuras que para mucho representan, con razón, la decadencia de los valores y la pérdida de fe en la democracia como Luis Alberto Gil y Juan Carlos Martínez.


Vitoreados por los suyos –que son muchos – y apenas cuestionados por unos pocos a quienes se nos acusa de ser élites que impedimos la libre expresión popular, este par de barones representan todo lo que no quisiéramos ser pero tristemente somos: una sociedad a la que nada importa que los mejores lleguen al poder regional y para la que el voto dejó de ser la esencia de la democracia y se convirtió en azote propio.


Verlos salir en hombros de los centros de reclusión desde donde continuaron alimentando su poder, repugna. Como también indigna que en alguna entrevista concedida ya desde la libertad, el señor Gil afirmara sin ruborizarse que “allá (en La Picota) decía el ex gobernador Julio Acosta, ‘¡cómo le fue tan mal al pollito!, ya se va con senadora a bordo, con presidente del Consejo Nacional Electoral y con gobernadores amigos. ¡Cómo le fue tan mal! (…) Entonces lo que quiero decir es que en medio de todo hay compensaciones en la vida”, aseguró antes de soltar una estruendosa carcajada.


¿Fue acaso este mismo político en nombre del cual un abogado llegó a los Estados Unidos a sobornar ex jefes paramilitares para favorecerse él? ¿No es éste el mismo que hasta hace nada usaba una empresa de salud para estafar al mismo pueblo que votaba por él? Ya lo he dicho: unos entran y otros salen, pero no debe ser casualidad que tantos de sus compañeros estén presos hoy y algunos más estén siendo detenidos casi al mismo tiempo en que esta columna se escribe. No falta quienes digan que a Martínez y a Gil la justicia los llamó al orden y que sus culpas ya fueron expiadas. La pregunta es: ¿pagaron de verdad?


¿A qué horas fue que nuestra sociedad cayó tan bajo? ¿A qué horas fue que el carácter santandereano se esfumó y que toleramos cómplices con nuestro silencio que a los malos los aplaudan y a los buenos se les confine a la pérdida sucesiva de elecciones que pudieron cambiar el rumbo de nuestros pueblos? ¿A qué horas fue?, me pregunto yo.   

Autor:
José Manuel Acevedo
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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