Domingo 27 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

La democracia del comedor de mi casa

Columnista: José Ordóñez

Siempre escojo la derecha de la mesa. Cubiertos a la derecha. Solo puedo comer con la derecha aunque peligrosamente dejo que la izquierda tenga el cuchillo. Por eso mis hijos me llaman: “Paraco-mer”.

Juliana, la más joven, suele recordar que algún día con rabia, al ver que no hacía sus tareas le grité con vehemencia: “le doy en la jeta María”.

Ese día se puso verde de la rabia que le dio. Pero sirvió. Se convirtió en la más estudiosa de todos. Siempre está ahí, vestida de verde, en la mitad de la mesa. Solo le pasa la sal al uno o al otro.

Andrés, que escribe con la izquierda, siempre está descontento, no importa cuan abundante sea su plato siempre dirá que a los demás le echan más. No importa como nos sentemos en la mesa, dirá que le tocó la peor posición.

Un día, en medio de una acalorada discusión sobre quien tenía más en el plato les pedí que se asomaran a la ventana. Que viera a los vecinos que no tenían que comer. “Se lo tienen bien merecido -dijo mi esposa- pa’ que bloquearon la puerta del patio”.

El mayor de los varones, que tiene carácter conservador es el que se acomoda con facilidad. A veces, a su conveniencia, se sienta al lado de sus hermanos. Cuando quiere que mamá le eche más en el plato se le arrima adulador y otras, pocas, se sienta al mío dando un discurso sobre la importancia de este lado derecho de la mesa. Yo le doy su buena porción.

La mayor, pobrecita, la del trapo rojo que usa como servilleta, solo habla de sus victorias pasadas. Se enoja porque sus hermanos le dicen que está vieja y necesita una renovación. Solo le quedan pretendientes algo caducos y de ideas obsoletas. Yo golpeo la mesa para poner orden desde el lado derecho. No hacen caso. Siguen en sus intrincadas discusiones.

Entonces mamá, que es más sabia, saca su enorme tarro de mermelada, nos reparte a todos y volvemos a quedar contentos en silencio. Por lo menos hasta que se nos acabe.

Autor:
José Ordóñez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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