Domingo 18 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

El envidioso

Columnista: José Ordóñez

jose@joseordonez.net

La envidia es como una mujer roncando… ¡Es mejor despertarla que sentirla!

Solo es un chiste, pero tiene mucho de verdad. En épocas pasadas los santandereanos teníamos esa mala percepción sobre nosotros mismos que opacaba nuestra imagen y nos incentivaba a demostrar tan malsano sentimiento.

Reconozco que la parte oscura de mi personalidad tiene algo de esa envidia. La sufro por momentos pero además me encanta provocarla.

Perdón por develar aquí mi lado más oscuro, pero hasta el mismo planeta tierra tiene en todo tiempo su propio lado oscuro, basta con ingresar a Google Earth y comprobarlo. Cuando descubrí esta aplicación sentí envidia de pensar que muchos la tendrían también. Más envidioso me puse cuando me enteré que muchos hicieron el recorrido por Santander detallando veredas y municipios desde las alturas satelitales, deteniéndose en cada paraje para detallar la hermosura de la tierra que Dios nos dio y que muchos en el mundo envidian. Yo me concentré en recorrer los barrios de Floridablanca y Bucaramanga donde de niño crecí, envidiando desde mi pobreza lo que los otros niños tenían. Seguí sintiendo envidia por no haber podido ser testigo del crecimiento de mi región en estos años que he estado fuera del país. Vi las grandes construcciones, los grandes centros comerciales y me pareció ver el ego de algún alcalde que desde allí también se avizora.

Pero más envidia me dio detenerme en el estadio Alfonso López que se atiborra cada tanto de gente envidiosa que lanza improperios a los de la cancha. Ya saben ustedes, el estadio es el lugar donde un asalariado barrigón frustrado le grita “mediocre” al millonario, joven deportista, ¡Uy qué envidia!

Debo terminar mi columna mientras siento envidia de los otros columnistas a los que les dan más espacio para escribir. Solo les cuento que a la casa que habitaré aquí el año entrante le pintaré el patio de azul, solo para que los envidiosos desde Google Earth crean que tengo piscina. ¡Ah! ¡También pintaré una H inmensa para que además crean que tengo helipuerto! Con eso mi envidia ya será más importante despertarla que sentirla.

Autor:
José Ordóñez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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