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Domingo 15 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Justicia! Justicia! Justicia!

Columnista: Juan Manuel Galán

Comenzó la segunda vuelta de debates al proyecto de reforma a la Constitución Política para modificar los artículos relacionados con la rama judicial. Vista la reforma en su conjunto, la mayor parte de las modificaciones tienden a restablecer el equilibrio de poder entre las diferentes ramas del poder público y ofrecer una mayor independencia y capacidad a la justicia. El que aparece subordinado a estos objetivos es el interés de los ciudadanos comunes y corrientes, en especial los más pobres que enfrentan gran variedad de obstáculos para acceder a la justicia o que simplemente prescinden de ella dejando a su sabiduría, a la suerte o a la fuerza la protección efectiva de sus derechos.


El ciudadano de a pie, el que con dolorosa ironía afirma que “la ley es para los de ruana” se encuentra con una justicia: cara, demorada, fatigante, ajena al mundo en el que él se desenvuelve, administrada y mediada por autoridades y abogados en los que no confía del todo, bien por su conducta o porque lo dejan sólo enfrentando represalias de terceros, una justicia ante la que se ve impotente por su debilidad o su falta de conocimiento.


Me pregunto si a éste colombiano le interesa el debate ideológico que se ha desplegado frente a la propuesta de extender la posibilidad de administrar justicia, en nombre del Estado, a entidades del Ejecutivo y particulares, profundizando figuras como el arbitramento. Acaso ¿comparte él que se trata de una privatización de la justicia y de un debilitamiento del Estado?, o bien ¿percibe en ellas nuevas oportunidades más reales de acceder a la justicia liberándolo de un monopolio ineficiente? o ¿le resultan ambas posturas indiferentes?


La discusión merecería ser replanteada en dos sentidos. En primer lugar si la extensión a particulares y entidades del ejecutivo, sumada a una garantía de recursos suficientes para la rama judicial satisfacen las condiciones básicas para garantizar el acceso a la justicia. En segundo lugar si los mecanismos propuestos fortalecen o no a la sociedad civil, en el entendido de que la justicia debe no sólo propender por darle a cada cual lo suyo sino mantener y reconstruir el tejido social afectado por un conflicto. Y tercero si la existencia de múltiples formas de alcanzar la solución de conflictos no es una buena opción en una sociedad heterogénea y fragmentada como la nuestra.

Autor:
Juan Manuel Galán
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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