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Jueves 27 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Las dos mujeres del Chapo

Columnista: Juliana Martínez

El pasado 23 de abril se estrenó El Chapo, una coproducción de Univisión y Netflix sobre la vida del capo mexicano del mismo nombre. La serie reafirma el apetito aparentemente insaciable por producciones relacionadas con el mundo del narcotráfico, pero se distingue de la gran mayoría de éstas por varias razones.

En un mundo dominado por hombres frente y detrás de cámaras, El Chapo es la primera narco-serie en tener dos mujeres en lo más altos cargos: Camila Jiménez Villa, presidente y directora de la división de Univisión encargada de la serie, y Silvana Aguirre, productora ejecutiva y guionista principal.

El Chapo es particularmente interesante no tanto por lo que muestra, sino por lo que omite: la glorificación del estilo de vida de los narcos, la descarada sexualización de la mujer y el mito de Robin Hood como eje alrededor del cual se estructura la personalidad del capo.

Aunque la serie se toma amplias licencias creativas, la ficción, aquí, no está al servicio de la glamorización de la violencia, el sexismo de la audiencia ni el discurso moralista sobre la guerra contra las drogas promovido por los Estados Unidos.

Resulta refrescante ver una serie sobre narcotraficantes que no esté basada en la explotación del cuerpo de lasmujeres, y que se centre más en las brutales luchas de poder que en las fiestas y los lujos. En ese sentido, El Chapo muestra sin pudor la paranoia y el agotamiento que produce saber que todo, la lealtad, el sexo y el respeto incluidos, se tienen que comprar con dinero o con miedo. En consecuencia, la tan celebrada generosidad de los capos aparece en la serie como lo que es: cálculo político, maquiavélica inversión de quien sabe que su vida depende de la lealtad y el sacrificio de los otros.

Con El Chapo ,Jiménez y Aguirre demuestran que las mujeres tenemos mucho que aportar a la producción de historias sobre el complejo (y muy lucrativo) fenómeno del narcotráfico, y que sí es posible abordar temáticas fuertemente masculinas sin glorificar la violencia, ni incurrir en la objetivación sexual de las mujeres.

Autor:
Juliana Martínez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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