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Jueves 30 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

La que calla no otorga

Columnista: Juliana Martínez

Con motivo del día contra la violencia de género, El Espectador resaltó un controvertido fallo de la Corte Suprema que exoneró a un hombre sindicado de acceso carnal violento porque, según el Tribunal, la víctima no opuso suficiente resistencia a su propia violación.

Aunque el fallo es de 2009, trae a la luz la urgencia de una perspectiva trasversal de género en todas las cortes del país, pues un sistema de justicia que presta más atención a las acciones u omisiones de la víctima que a las de su victimario, o es abiertamente misógino o peligrosamente ajeno a su propio arraigado sexismo. Ambas opciones son inaceptables. No podemos seguir culpando a las mujeres de los delitos que cometen los hombres en nuestra contra.

Más aún, el fallo muestra la imposible situación que enfrentan miles de mujeres colombianas: callar para sobrevivir, y sobrevivir para ser revictimizada y acusada de ser culpable de su propio abuso.

Tanto en un parque oscuro como en la casa, las mujeres callamos porque conocemos bien las consecuencias de hablar. Aunque sepamos que a la larga nuestro silencio envalentona y protege a nuestros abusadores, ese es, con demasiada frecuencia, el costo de sostener nuestra vida familiar, social, profesional.

Decir “no” sin arriesgar la vida es un ejercicio de poder y de privilegio. Por eso a las mujeres se nos enseña desde niñas a no hacerlo. Las mujeres aprendemos a desescalar situaciones peligrosas con sutileza, falsa complacencia y muchas sonrisas. Es decir, aprendemos a callar para preservar un orden que permite que se nos subvalore y abuse.

Por eso, asumir que el silencio es prueba de consentimiento en una sociedad fundada en el acallamiento histórico y sistemático de las mujeres, es cínico y criminal.

En lo que a violencia sexual y de género se refiere, callar no es otorgar. Ese silencio no es prueba de aquiescencia, es la marca tácita y dolorosa de la violencia sistemática que nos amordaza. Eso lo saben bien los abusadores y los saben también quienes los exoneran, negándose a resarcir a las víctimas para proteger su amenazado privilegio de machos.

Autor:
Juliana Martínez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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