Jueves 28 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

El machismo no es una forma de ser

Columnista: Juliana Martínez

La columna “Acoso II” de Antonio Caballero es bastante educativa pues recoge muchos de los malentendidos más comunes sobre el machismo y el feminismo, y expone varias de las estrategias a través de las cuales el sexismo se justifica y afianza.

Caballero llama “manoseos indebidos” al acoso y abuso sexual que sufrimos las mujeres en el espacio público, privado y laboral e insiste en que estos actos son cuestión de “mala educación”.

Estas desatinadas afirmaciones están basadas en una de las estrategias más eficaces del sexismo: afirmar que la violencia machista es un problema individual y no una situación que requiera una transformación sociocultural profunda.

Ahí, sobre todo, se equivoca Caballero. El machismo no es una “forma de ser”, como dice él, es un sistema de poder que predica e impone la desigualdad basándose en la diferencia sexual entre las personas.

A las mujeres no nos es posible “coexistir pacíficamente” con el machismo porque este es por definición violento e inequitativo. Pedir que convivamos con el machismo equivale a decirnos que sigamos aguantando la violencia física, sexual, económica y simbólica en nuestra contra. Si las feministas hubieran aceptado esta propuesta, hoy las mujeres no podríamos votar, divorciarnos, estudiar o trabajar.

El feminismo no dice que las mujeres somos superiores a los hombres ni aspira a la inversión de una jerarquía que genere nuevas exclusiones. El feminismo es un movimiento social que lucha por la igualdad.

En esto punto las feministas nos encontramos con Caballero, pues buscamos crear el mundo en el que él cree que vivimos: uno en el que “el trato entre hombres y mujeres [sea] un trato entre iguales”. En su burbuja de privilegio, Caballero piensa que esto ya es así. Desafortunadamente las estadísticas lo contradicen rotundamente.

Más aún, coexistir con el machismo implicaría nunca alcanzar ese trato igualitario que Caballero da por sentado.

Sin embargo, gracias al feminismo, y al trabajo diario de sus mujeres “quejumbrosas” y de los hombres que se niegan a aceptar que la seducción y el sexo implican la dominación y la violencia, poco a poco lo vamos logrando.

Autor:
Juliana Martínez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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