Jueves 11 de Enero de 2018 - 12:01 AM

Moral y Cívica

Columnista: Juliana Martínez

La semana pasada volvió a circular una cadena de redes sociales titulada “Cartilla de Moral y Cívica”. El texto establece una distinción entre lo que se debe enseñar en la casa y en el colegio, enfatizando sobre todolo que no se debe enseñar en la escuela. La ecléctica lista de prohibiciones incluye “sexo, ideología de género, activismo Lgtb, comunismo, izquierdismo, socialismo e islamismo”. Si analizamos estos términos desde una perspectiva lógica e histórica, juntar al comunismo, un sistema político y económico ateo y notablemente homofóbico, con el activismo Lgbt y el islamismo resulta incongruente y hasta absurdo. No obstante, la falta de cohesión e incluso las contradicciones entre los distintos conceptos muestran que de lo que se trata es ante todo de conjurar una serie de fantasmas que producen arraigadas ansiedades en un amplio sector de la población, precisamente en momentos en los que Colombia está adelantando una profunda restructuración de su pacto social.

A través de un lenguaje sencillo y del uso de tropos falaces que aparentan apelar al sentido común, la “cartilla” tergiversa la legislación colombiana en pro de la igualdad y promueve confusiones respecto a la implementación de los acuerdos de paz para lograr dos objetivos principales: 1) negarse a asumir los cambios legales respecto a los derechos de las mujeres y las personas Lgbt y 2) preservar la hegemonía cultural, política y económica de poderosos sectores sociales. “La cartilla” enseña poco de cívica y moral, pero mucho de política. Sobre todo muestra que los cambios legales sirven de poco sin las transformaciones sociales y culturales que los hagan realidad en la cotidianidad. Pero la lección más importante es esta: los temores, frustraciones y necesidades que dan pie a que esta retórica sea acogida por tantas personas son legítimos y exigen respuestas serias. Si queremos impedir que se comercie con la desinformación y el miedo a la diferencia, tenemos que dialogar con aquellos cuya situación y creencias están siendo manipuladas y, desde ahí, crear nuevos consensos respecto a la moral y la cívica necesarias para la construcción de una Colombia próspera, igualitaria, equitativa y en paz.

Autor:
Juliana Martínez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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