Jueves 25 de Enero de 2018 - 12:01 AM

Sin derechos no hay respeto

Columnista: Juliana Martínez

“La lucha por la hegemonía inicia con la definición de antagonismos” dicen Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en ‘La razón populista’. Cuando no hay una plataforma de cambio social y económico real, la manera más eficaz de mantener o llegar al poder es la generación de un pánico moral alrededor de un enemigo ilusorio que aglutine las ansiedades de amplios sectores sociales. En el actual clima político este espectro se llama “ideología de género”, y tiene mucho que enseñarnos, pues diagnostica acertadamente un conjunto heterogéneo de frustraciones, confusiones y ansiedades sociales. Pero, en vez de presentar soluciones reales, se limita a manipularlas políticamente promoviendo una cultura de discriminación y desprecio hacia la diferencia.

Quienes defendemos la igualdad de derechos no somos enemigos de la familia, la religión, la naturaleza ni la moral. Simplemente aspiramos a que todas las personas tengamos la posibilidad de vivir una vida plena, digna y libre de violencia. Es más fácil promover el odio que construir unidad desde la diferencia. Pero no nos dejemos engañar. Hay muchas personas lgbt que son católicas o cristianas, y muchas más tienen familias profundamente religiosas que las acogen con amor y respeto. Las religiones cristianas están fundadas en el amor al prójimo, no en su percusión, sobre todo cuando este está en una posición de vulnerabilidad. Es hipócrita y manipulador afirmar que se respeta a alguien mientras se trabaja activamente por quitarle derechos básicos como la educación, se intenta despojar a su pareja e hijos de toda protección legal, se pretende expulsarlo de los espacios públicos, y se promueve un discurso que lo denigra al calificarlo de enfermo, pervertido y amoral.

El amor implica desear lo mejor para la persona amada, y esto incluye el reconocimiento pleno de todos sus derechos humanos. Las personas religiosas que saben esto, que son, o tienen un familiar o amigo lgbt, deben empezar a hablar. Demuestren con sus palabras y sus acciones que son muchos los que no están dispuestos a permitir que su fe se vuelva moneda al servicio de los mercaderes del miedo, la mentira, la corrupción y la politiquería.

Autor:
Juliana Martínez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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