Jueves 08 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

El silencio no es respeto, es complicidad

Columnista: Juliana Martínez

En una de sus más célebres frases, Martin Luther King afirma “no me preocupa tanto las palabras insultantes y las acciones violentas de de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, sino el espantoso silencio y la indiferencia de la gente buena”. King fue hombre profundamente religioso. Fue pastor bautista (como su padre) y doctor en teología. Su religión fue el motor de, no un obstáculo para, su lucha en contra de la discriminación y a favor de la igualdad.

A 50 años de su asesinato, sus palabras y su ejemplo son más pertinentes que nunca. Resulta muy triste que los principales líderes religiosos de hoy usen la palabra de Dios para sembrar divisiones en vez de unidad, discordia en vez de entendimiento y para crear ciudadanías de segunda clase en vez de igualdad.

Sin embargo, me niego a creer que esto es representativo de la gran mayoría de creyentes. Por eso, hago un llamado a todas las personas religiosas que no están de acuerdo con la forma en la que se está hablando de las personas lgbt y de los derechos de las mujeres en la campaña electoral. Pregunto, ¿van a permitir que su religión se vuelva sinónimo de mentira, odio y corrupción?

Es muy importante que hablen en sus comunidades. Todos los que tengan un familiar o amigo lgbt a quien quieren y respetan, y crean que las mujeres tenemos los mismos derechos y deberes que los hombres (no más, pero tampoco menos) deben rechazar explícitamente este discurso de odio.Necesitamos urgentemente voces religiosas que abierta y explícitamente denuncien y rechacen esta manipulación política de la religión.

En un clima político como este, el silencio no es neutralidad ni respeto, es complicidad.Respetar al otro implica reconocerlo como igual pese a todas las diferencias y desacuerdos. Para que haya respeto se requiere como mínimo que sereconozcan y garanticen los derechos humanos. Sin derechos, no hay respeto. Solo así podremos volver a los días en los que la religión se movilizaba en nombre de la igualdad y la inclusión, es decir, del amor real al prójimo.

Autor:
Juliana Martínez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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