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Domingo 16 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Otro impuesto injusto sustentado con argumentos engañosos

Columnista: Leonidas Gómez-Gómez

El impuesto a las bolsas plásticas no producirá el efecto ambiental anunciado, la bolsa se convertirá en un costo adicional para los consumidores y en un importante ahorro que incrementará las millonarias ganancias de las empresas multinacionales que han venido monopolizando el negocio de los supermercados.

La Resolución 0668 del 2016 fue incorporada este año a la Reforma Tributaria como un impuesto progresivo que empieza en $ 20 y terminará en $ 50 con el propósito de obligar al consumidor a pagar las bolsas plásticas y le duela tanto, que termine usando empaques propios reutilizables que eximan a los supermercados de ese compromiso de servicio al cliente.

Para ocultar la verdadera intención, el Gobierno pretende hacernos creer que la bolsa plástica será reemplazada por productos nacionales como las mochilas de fique y canastos de caña tejida, cuando en realidad veremos, como está sucediendo en otros países, que serán desplazados por talegos chinos de materiales sintéticos no biodegradables, cuya venta se convertirá en más utilidades para los supermercados. Y no sobra agregar que esos talegos, aunque se laven de vez en cuando no garantizan la higiene requerida para transportar alimentos.

¿Por qué se aplica impuesto a las bolsas y no se aplica a las botellas de plástico? Sencillamente para ayudar a los monopolios de las bebidas cuyos envases de vidrio cuestan más. Es evidente que el criterio del impuesto a las bolsas plásticas no es ecológico sino de complicidad con la conveniencia de los más poderosos del mundo y en contra de la industria, el comercio y el consumo nacional.

Todos los planes de gobierno deberían incorporar la lucha contra la contaminación, la pedagogía necesaria para racionalizar el consumismo y convertir el reciclaje en una actitud cultural que genere trabajo para muchas personas. A los grandes almacenes de cadena habría que exigirles que suministren bolsas o canastos reutilizables, asépticos y biodegradables, dando prioridad a los que se puedan fabricar en el país. Se está haciendo lo contrario. Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

Autor:
Leonidas Gómez-Gómez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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