Publicado por: Libardo León Guarín
Tampoco todos los políticos de antes fueron como él y mucho menos los de ahora. Acudió al noble ejercicio de la política, parapetado en su profesión de abogado y se untó de barro en San Vicente, Puerto Wilches, Socorro, Zapatoca, Sabana de Torres, el Magdalena Medio, Barranca, Bucaramanga, convocando alrededor de proyectos de sociedad; los cargos posteriores de alcalde, gobernador, ministro, embajador, no fueron más que circunstancias oportunas para hacer lo que fue de su interés permanente: actuar en política entendiéndola como juego de fuerzas sociales que se contraponen, se conjugan o se alían buscando la dirección de la sociedad y en su caso, el bien común.
Extraño personaje en estos tiempos y lugares y por eso mismo admirado y respetado. De austeridad monacal desde su Galán de tierras ásperas y rebeldes a todo lo que signifique riqueza y ostentosa exuberancia, nunca pensó que la política podía ser una empresa que produjera dividendos diferentes al triunfo de las ideas realizadas.
Tenía cualidades raras al común de los colombianos; puntualidad inglesa, sobriedad, lucidez hasta el final, claridad en los conceptos, la lucha por las ideas liberales de centro izquierda como miembro del MRL que fue; pero también las aperturas hacia la conciliación y el diálogo. El humor en anécdotas y episodios de su propia vida e históricos, lo practicaba siguiendo lo dicho por Luis Buñuel: un día sin risa era un día perdido. Ilustrado, buen lector, informado de los hechos nacionales e internacionales, tenía vocación insoslayable de maestro; la ejercía en cada encuentro, en cada discurso, en cada saludo.
Así lo conocí por referencias de mi padre, quien lo admiraba y había conocido a su familia; gocé de su honrosa amistad desde la primera vez en su despacho de la embajada en Moscú, calle Burdenko, a donde iba con frecuencia para hablar de lo mismo. Hace solo dos años se publicaron sus “Apuntes para una biografía”, (Bucaramanga, UNAB, 2.011, 271 pgs.) con frase introductoria de W. Churchill, resumen de la vida de este último gladiador de la política con mayúscula: “El único escudo de la memoria individual es la rectitud y la sinceridad en los actos”. Buen espejo el del Dr. Alfonso Gómez Gómez para tantos que se suben al tren de la política con mediocridad intelectual y apetitos voraces, propósitos bien diferentes a los suyos.
ADENDA.- A sus hijos, a Susana y María Victoria, a las familias Gómez y Bohórquez, mis solidaridad y sentida condolencia.









